MUJERES MUTILADAS

Recientemente la Comunidad de Madrid ha decidido destinar 600.000 euros para combatir la ablación en el norte de África, una práctica que ha mutilado ya a más de 130 millones de mujeres en el mundo.
La ablación es la extirpación o corte de los genitales externos de una mujer, y aunque impresione saberlo, esta práctica no solo cuenta con un nombre técnico (clitoridectomía), sino que se puede realizar de diferentes maneras y “motivado” por diversas e incorrectas interpretaciones, una vez más, de los referentes religiosos musulmanes. He topado con el blog carolonline, donde se detalla de manera sencilla en qué consiste la práctica y mitos acerca de la misma.
Quien quiera información sobre el tema puede acceder fácilmente a ella, por lo que me recrearé en las reflexiones sobre este tema que han removido no solo mi conciencia, sino incluso mi estómago al caer en la habitual tentación de imaginar aquello que te inquieta, aun sabiendo que te hará sufrir.
Sufro imaginando que más de 130 millones de mujeres han sufrido intervenciones poco o nada higiénicas, sin productos que mitiguen el dolor ni asesoramiento médico, que siendo niñas han soportado una mutilación que les acompañará durante toda su vida afectando a su andar, a sus menstruaciones, a su fertilidad.
Muchas de estas mujeres nunca podrán ser madres, pero ninguna de ellas podrá nunca disfrutar del sexo. Y es que resulta descorazonador imaginar que habrá mujeres que nunca puedan disfrutar con el sexo, solas o acompañadas, de esos segundos de máxima felicidad al sentir un orgasmo, o de sentir cómo se puede llegar a representar físicamente un verdadero amor.
Siento lástima por lo que todas estas mujeres han perdido, perpejlidad por esas madres que aceptan que sus hijas tengan que sobrellevar toda su vida esta injusta lacra, y repulsa por esos hombres que son capaces de disfrutar del sexo sin que su pareja disfrute. Y es que el clítoris no sólo es el órgano primordial sexual de la mujer, sino que es la llave para la plena satisfacción sexual del hombre.
Los 600.000 euros que Esperanza Agirre y su gobierno han destinado a luchar contra esta aberración son a todas luces insuficientes, pero son un buen inicio para servir como ejemplo y, a la vez, convulsionar conciencias como la mía.

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