Extranjeros

Sucede en una sobremesa cualquiera, en el bar de un polígono industrial cualquiera, donde unos obreros que acaban de devorar el menú del día hablan sobre sus vidas mientras ven las noticias. Es inevitable que alguno sentencie, y los demás asientan, que los extranjeros vienen a quitarnos el trabajo. Y no sólo eso, si no que además tienden a la delincuencia y más tarde o más temprano acabarán robándonos. ¿Qué será de nuestros hijos?

Y por ello hay que controlar su entrada en el país y levantar alambradas, y si aún así consiguen llegar e instalarse, se deben levantar alambradas sobre las alambradas.

Es posible que alguno de ellos piense que eso no es más que un estereotipo social que solo sirve para dividir a los trabajadores. Una forma de crear frentes en tiempos en los que los frentes no están claros, en los que nos cuesta reconocer al enemigo, y es más fácil agruparnos por nacionalidades y pelear entre nosotros. Pero no lo dice.

Quien sabe, tal vez sean ciertos estos tópicos. Es posible que los extranjeros vengan a quitarnos el trabajo y a saquear nuestros bienes, y es que no hay nada como un buen ejemplo para dar o quitar razones. Una nueva noticia ocupa la pantalla del televisor. Todos miran. Sus caras están ahora más serias.

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