Cuando la sangre deja de ser escandalosa

Un pobre loco tan marginado socialmente que está dispuesto a suicidarse graba en un vídeo un mensaje de repulsión hacia lo que le rodea y carga con un fusil hasta el campus donde estudia para acribillar a tiros al primero que se le cruce por delante.

Los universitarios vivos corren a los ordenadores para retransmitir a través de Internet el espectáculo que ven fuera. Graban lo que pueden con sus móviles y lo cuelgan en la red, esta vez la CNN se quedará sin exclusiva.

La audiencia norteamericana asiste expectante a las especulaciones sobre la matanza, ¿terroristas?, ¿Asesinos en masa?, ¿Bandas juveniles?. No se escandalizan por el hecho de que un estudiante tarado que se cree Cristo acceda con facilidad a un rifle de precisión que podrían haberle regalado al domiciliar la suscripción del Penthouse en su caja de ahorros.

Es más, en estos mismos momentos, con los bedeles de la universidad rascando la sangre de sus hijos de las paredes de la facultad, reclaman el derecho a utilizar armas como defensa contra ese mismo asesino. Tan solo un par de días antes, la Sociedad del Rifle celebraba su convención anual y hacían campaña a favor de las armas. La sociedad americana permite que a diario niños y niñas salgan a la calle con un rifle bajo el brazo y sueñen con ser las más populares de la high school celebrándolo con una buena ráfaga de disparos sobre sus compañeros de clase.

Es una lástima que matar sea tan fácil y aún más que sea tan fácil conseguir los instrumentos para hacerlo. Es una penaque ya no nos de lástima, que matanzas así sean habituales y vivamos esperando que llegue el día que ocurran al lado de nuestra casa.

Es una lástima que uno se acostumbre a las balas, a la muerte violenta, que la sangre haya dejado de ser escandalosa. Ojalá el hábito no fuera este. No nos encerremos, como los americanos miedosos, en un seguro bunker de cristal en el que la realidad solo entra a través del plasma de nuestros televisores, donde los versos de Neruda y los acordes de Lennon se han quedado fuera, donde la paz es algo que hay que defender con armas. Que la violencia no se convierta en una enfermedad crónica a cuyos achaques nos acostumbramos esperando que uno de ellos sea el último.

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