Tan solo una historia

La historia que quiero contar es una historia real, una historia de amistad, una historia triste, pero al fin y al cabo una historia de las que probablemente ocurran miles, desgraciadamente, es este planeta. Hoy he tenido que decir adiós, seguramente para siempre, a una amiga; una amiga que siempre ha estado ahí y siempre nos ha dado una lección de comportamiento, de saber estar y de asumir las cosas de la mejor manera posible, como adultos aún cuando ni siquiera parecía que algún día íbamos a serlo.

No, mi amiga no ha muerto, como se podría casi deducir o al menos suponer, a mi amiga le han echado del país. Hoy sí, hoy, en el año 2007 y con un gobierno supuestamente de izquierdas gobernando España. Hoy que a todos se nos llena la boca de hablar de multiculturalidad, de no al racismo, de acoger con los brazos abiertos a los inmigrantes.

Claro está que mi amiga no nació en España, pero después de siete años viviendo aquí era más española que cualquiera que haya nacido en esta tierra. Siete años sí, y probablemente los siete años más importantes en la vida de una persona para formarse como tal. Llegó aquí con 18 años y hoy que tiene 25 se ha tenido que ir de su país con lágrimas en los ojos. Sí, su país, no, no nació aquí, pero aquí estudió, aquí conoció a su primer amor verdadero y también fue aquí donde sufrió su primer desamor verdadero, aquí trabajó por primera vez y por primera vez la echaron, era aquí donde los vecinos la querían, la gente le conocía y con su alegría se ganó a todo el que conoció y por supuesto aquí tenía y tiene a su gente, sus amigas, sus conocidos, el chico que le gusta, el paisaje que adora, el bar de siempre y su café cortado corto de café.

Hoy me contaba, esforzándose por no llorar que aún recordaba la primera vez que nos maquillamos juntas para salir de fiesta. Ella vino a mi casa porque su hermana, mayor que ella, con la que vivía aquí, no le dejaba maquillarse (en Brasil hay otras costumbres y maquillarse par salir de fiesta es cosa de mujeres de mala fama). Recordaba que nos reíamos muchísimo porque todavía no sabíamos maquillarnos y parecíamos cuadros.

Esto son recuerdos que probablemente no habrían vuelto a nuestra mente sino estuviéramos viendo que es el fin de nuestros futuros recuerdos juntas. El adiós y su cara llorando en la plaza de nuestro pueblo, que tantas veces nos ha visto reír, será lo último que recordaré de ella, su última imagen en mi cabeza. Dos amigas que sumidas en un último abrazo deciden darse la vuelta, darse la espalda y no mirar atrás para simular que es un día más y que mañana volveremos a tomar ese cortado corto de café. Ella nunca lo sabrá, pero yo si he girado la cabeza, (quizá ella también lo haya hecho a destiempo conmigo) y he tenido que pararme, pararme conscientemente y asegurarme de que estaba parada, para no correr tras de ella y evitar que cogiera ese vuelo sin billete de vuelta. Seguramente habría sido una majadería por mi parte y un egoísmo terrible hacerle perder el dinero del billete y además se quedaría aquí como una ilegal más, se quedaría como un número más en la lista al que perseguir para repatriar, y ella no puede ser eso; nunca se permitiría a sí misma ser eso.

En estos momentos es cuando me doy cuenta de lo poco que valoramos lo que tenemos cuando lo tenemos al lado. Ella se supo superar fue una heroína, llegar de un lugar lejano para poder estudiar aquí y ese es el problema que su visado era solo de estudiante y una vez se le han acabado los estudios tiene que volver a Sao Paulo, sitio que a todos nos parece un sueño y a ella un infierno. El gobierno le dijo que se conseguía un contrato de trabajo de un año de lo que había estudiado se podía quedar. El problema era que esa promesa era una trampa porque ella no tenía permiso de trabajo, solo de residencia y de estudios y el primero duraba lo que durara el segundo; y sin permiso de trabajo nadie le puede hacer contrato y menos de un año.

Seamos realistas, eso no nos lo hacen ni a los nacidos en el país. ¡Un contrato de un año de lo que hemos estudiado!, Eso es ciencia-ficción y más para una persona sin permiso de trabajo. Lo que quiero decir es que no le daban más salida que volver a Brasil y a la pobreza más profunda. Solo sé que si mi amiga acaba trabajando de chica de alterne solo se lo debe a usted señor presidente.

Y lo que más me apena es que no he podido decirle tantas cosas que quería haberle dicho, no haber realizado tantos viajes como queríamos y no poder ver su sonrisa más. Aunque yo sé que volverá, nos hemos criado todas juntas y tenemos carácter de vencedoras. Volverá y lo hará con dignidad, dándoles en la cara a todos los que hoy no la quieren y llegará a los brazos de todos los que hoy lloran su partida.

Texto escrito por Estibaliz

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