Hablan las Paredes

Que las paredes oyen es algo que todo el mundo sabe. Pero no solo oyen, en ocasiones, también hablan. En sus diálogos se ven pintadas reivindicativas, políticas, sociales, filosofías de puerta de WC, declaraciones de amor, ironía subliminal y casualidades simpáticas.

En nuestra adolescencia, los barrios que habitábamos empezaban a ser devorados por las excavadoras y empezaban a faltarnos los árboles en los que nuestros abuelos tallaban un corazón y dos nombres. Tampoco teníamos teléfonos móviles y no podíamos lanzar un TQM al espacio herziano. Pero teníamos mobiliario urbano. Rascábamos las barandillas verdes y las paredes de ladrillo rojo con iniciales separadas por una X. Crecimos sabiendo que la X señalaba el lugar del tesoro y supongo que por esto sustituyó al corazón tallado de nuestros abuelos. Marcábamos con ella la esperanza de que la destinataria del mensaje reparase en aquel jeroglífico y lo descifrase, y así solucionar nuestros problemas de coraje y comunicación.

Escribo este texto para iniciar una nueva categoría en este blog. Una categoría que tiene que ver con las barandillas rascadas, las puertas de los WC de las facultades, y sobretodo con los mensajes grabados en las ciudades. Un espacio para mirar la ciudad mientras caminamos por ella, para la fotografía y el arte de decir mucho, muchísimo, en una sola frase. Para inaugurar este apartado y darnos el pie necesario, un fragmento de “El Libro de los Abrazos” de Eduardo Galeano:

Dicen las paredes /2

En Buenos Aires, en el puente de La Boca:

Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.

En Caracas, en tiempos de crisis, a la entrada de unos de los barrios más pobres:

Bienvenida, clase media.

En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional:

Dios vive.

Y debajo, con otra letra:

De puro milagro.

Y también en Bogotá:

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Y debajo, con otra letra:

(último aviso.)
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