Síndrome de Diógenes

Miles de toneladas de basura almacenadas en el domicilio de un anciano, decenas de miles de euros bajo inservibles objetos que sirven de obstáculos para carreras de ratas, olores insoportables que desatan la ira de los vecinos, personas mayores con cara de idos que se asoman a su puerta y muestran a los demás que su casa está “un poco revuelta”, pero no son conscientes de su enfermedad.
Resulta descoranozador que cada vez esto esté más presente en los medios, y es que el aislamiento social y personal de los mayores crece en la misma medida que la soledad en las ciudades y la esperanza de vida. La recurrente wikipedia describe el síndrome de diógenes “un desorden del comportamiento que normalmente afecta a personas de avanzada edad que viven solas, caracterizándose por el total abandono personal, social y el aislamiento voluntario en su propio hogar”. Lo peor de estos casos es su difícil cura, ya que normalmente no son conscientes de que no necesitan todos esos objetos, ni de que su casa es un vertedero, y eso provoca que no acepten la ayuda de los servicios sociales. Por lo tanto, y en los casos más extremos, la ayuda se limita a recuperar la salubridad de la casa y la malnutrición de los afectados. Y es que llegar a declarar a alguien incapacitado para obligar a su internamiento es realmente complicado.
Lo más curioso de esta enfermedad mental es que como si fuese un peligroso virus va mutando, y se manifiesta de diferentes maneras. Dos ejemplos de ellos son el hoarding o variante del síndrome de diógenes que consiste en acumular centenares de manera compulsiva y sin poder atenderlos, y el más coral síndrome de diógenes digital, del que todos somos pacientes, ya que acumulamos gigas y gigas de material digital, en multitud de soportes que ni reconocemos, revisamos ni utilizaremos jamás.
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