Unidad

Hace ya 10 años y recuerdo aquel fin de semana y con sensaciones parecidas al 11M y sus días posteriores.

Ahora se habla continuamente en los medios de la unidad de los democratas en aquellos días en torno al Espiritu de Ermua, en contraposición a la actual desunion de los partidos. Pero eso no es lo que recuerdo, y no quiero que, como si tratase de una pesadila orwelliana, ma cambién el enemigo y me corrijan la historia, no por favor.

Mi primera impresión fue que la calle había cambiado de dueño. Esa mayoría aletargada y normalmente inmovilizabe que supone la masa se hizo dueña de la calle. Por unos instantes se rompieron las reglas de manipulación de la opinión pública y la turba, que solo sentía y no prestaba atención, se lanzó a la calle. Alguno se dio cuenta entonces de que Chomsky tiene razón cuando califica a la opinión pública como una gran superpotencia.

Recuerdo como, envalentonados, se dirigieron a los locales y sedes jarraitzus a gritar que no hay derecho a salir con miedo a la callle. En los días posteriores al 11M las sedes llevaron otras siglas, los sentimeintos no.

Se me pusieron los pelos de punta – incluso al escribir esto se me vuelven a erizar – cuando vi a los mozos pamplonicas anudar sus pañuelos en la puerta de la catedral. Aquel Ertzaina en la Parte Vieja donostiarra se quitó su pasamontañas, y la gente lo abrazó en lo que podría haber sido la escena final de una pelicula de Spielberg. La unidad contra ETA y su entorno no fue de los politicos, la unidad fue de la gente, la misma unidad que se vio después del 11M.

Por un momento pensé al ver aquella movilización social que algo iba a cambiar. No sabía de que forma, pero se olía el cambio. Entonces aparecieron los politicos y su unidad, todos juntos, al unisono, como el mejor coro de niños cantores de Viena, pidieron la calma, pidieron que nadie se alborotase, que no hubiera ningún tipo de violencia.

Esta unidad es la que mandan las normas. La teoría propone un llamamiento a “la unidad de los demócratas”, cuando se vislumbra una posible crisis del sistema . En estos casos – atentados o catastrofes – los políticos muestran una unificación en sus opiniones dejando de lado su ideología para lograr una sensación de estabilidad política de cara a la sociedad, dando a entender la importancia de dicha estabilidad en nuestra sociedad para salvaguardar el sistema y el modo de vida. Revoluciones, de la indole que sean, no gracias. No hay nada peor para el poder que una masa incontrolada y activa.

Esto es lo que yo aprecié aquellos días, desde entonces, cada campaña electoral – excepto, por razones obvias la del 14M – gira en torno a la seguridad, el terrorismo y a ETA. Y ahí seguimos, inmoviles al borde del camino.

La actual manipulación de Miguel Angel Blanco y el Espiritu de Ermua por parte de unos y de otros es penosa y no le veo más objetivo que el intento de control de la opinión publica. No sé, tal vez algún día aprendamos lo poderosos que somos cuando salimos ala calle sin estar detrás de la pancarta de ningún partido, sea de la ideología que sea.

Mientras tanto, si seguimos peleándonos por lenguas, se nos seguirán olvidando las hipotecas.

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