Café solo

Una cafetería, una mesa junto a la ventana y un libro entre las manos. Allí estaba, junto con otros pocos solitarios mientras el resto del universo intentaba broncearse en cualquier rincón al que llegase un rayo de sol.

Se paraba a veces a observar a la gente que por allá pasaba. Era entretenido verlos caminar, escuchar sus conversaciones e inventarse una posible vida para cada uno de esos anónimos caminantes. Sonreía a veces, otras su mirada se perdía, pero estaba contenta; sabía que esos pequeños momentos son los que hacen que levantarse merezca la pena.
También los paseantes la observaban. La mayoría la miraba como preguntándose que haría una chica sola en un café. A ella no le sorprendía. Estaba acostumbrada a contestar a esa pregunta. Sus amigos no lo entendían, pero le daba igual. En esos momentos era feliz.

Allí estaba yo, en un pequeño café, con Cortazar como compañero, entre el murmullo de la gente y el humo de los cigarros. El resto daba igual. Solo por ese pequeño momento el día mereció la pena.

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