Vientos de Agua

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre “Vientos de Agua”, una serie de Juan José Campanella que empecé a ver en Telecinco las pasadas Navidades y tuve que acabarla este verano en DVD debido a su precoz retirada de la programación.

Vientos de agua podría haber sido un golpe en la mesa de todos los productores de basura en forma de ficción que copan la producción nacional en la actualidad. Un tirón de orejas a los directores que son capaces de llenar con nada hora y media de televisión. Sin embargo fue un fracaso de audiencia y es la prueba tanto de que es posible hacer buena televisión si se quiere, como de que el público, a fin de cuentas, tiene lo que se merece.

La línea argumental es tan actual como intemporal: la migración del ser humano como arma de supervivencia, contada a través de dos generaciones de emigrantes con las que se trazan los paralelismos y las intersecciones entre la migración de España a Argentina de los años 30 y 40, y la de la Argentina actual a España tras la crisis del corralito.

Está protagonizada por Hector y Ernesto Alterio y Eduardo Blanco, además del agradable descubrimiento que supone la presencia de la italiana Giulia Michelini, o las consistentes interpretaciones de Bárbara Goenaga, Angie Cepeda o Valeria Bertuccelli, a destacar entre la gran cantidad de buenas actrices encarnando a mejores personajes femeninos.

Al margen del perfil de las series españolas, no encontramos la habitual sucesión de chistes malos y tópicos castizos por triplicado, ni los inagotables, intercambiables y morbosos líos amorosos entre sus protagonistas. Esta historia habla de otras cosas, de amistad, fracaso y triunfo, de amores difíciles y tabúes. Habla del miedo y de la esperanza, y del dolor y los sueños que acarrean. Todo contado desde la emotividad, la franqueza y la ternura, con un lenguaje cinematográfico que transforma sus trece episodios en películas que llegan a albergar algunos de los mejores momentos no vistos en televisión.

Hay relatos, ya sea en libro, cine o televisión que te hacen viajar. Son solo unos pocos. Vientos de Agua lo consigue por doquier. Consigue hacerme viajar al pasado reciente, con los emigrantes españoles hacia Argentina tal y como lo hicieron mis abuelos. No es el único viaje, también consigue traerme de vuelta a España con los inmigrantes argentinos, y me hace participe de una realidad de la que solemos burlarnos, o simplemente ignorarla. Y aún hay más viajes, la historia que no se cuenta pero se intuye me hace viajar en el futuro, tal vez de vuelta a Latinoamérica, con mis nietos repitiendo el ciclo, en busca de las oportunidades que les quitó la globalización.

Las aves migratorias siguen haciendo sus viajes por siglos, pese a que en el camino les cambiemos el mundo, les sequemos los lagos, les arrasemos los bosques y les levantemos muros y rascacielos. Tal vez los hombres también somos una raza migratoria y no podemos escapar a nuestro destino itinerante.

Más Información sobre la serie en la IMDB: Vientos de Agua
Foto | Bárbara Goenaga, extraída de la web de Vientos de Agua

Anuncios