La deuda odiosa

Se acerca la época navideña y pronto se nos vendrán encima montañas de solidaridad. En el mundo hay mucha pobreza y debemos ser más solidarios con el tercer mundo.

Así, durante los próximos meses saldrán millones de euros juntados de las excasas sobras que los bancos nos dejan con sus hipótecas hacia los paises menos desarrollados. Sin embargo cada año, estos mismos paises nos devuelven, no a nosotros si no a nuestros bancos, mucho más de lo que nuestra precaria solidaridad puede aportarles.

La deuda externa es la principal casa del subdesarrollo del tercer mundo, nuestra solidaridad es injusta, y solo vale para descargar nuestras conciencias. La deuda externa es odiosa. Y no lo digo yo, si no que lo dijeron los EEUU en la guerra de Cuba contra España.

La doctrina de la deuda odiosa surgió hacia fines del siglo XIX, cuando Estados Unidos adquirió Cuba como protectorado, luego de imponerse en la guerra hispanoamericana. El Tratado de París, firmado al final de la guerra para resolver las disputas entre Estados Unidos y España, anuló todas las deudas adquiridas por el gobierno de Cuba con España. Esta cláusula se estableció porque Estados Unidos alegó que los préstamos habían servido para financiar a dictadores que defendieron el imperialismo español suprimiendo los movimientos populares a favor de la soberanía cubana.

Luego de su surgimiento durante las negociaciones entre Estados Unidos y España, la doctrina de la deuda odiosa volvió a salir a la superficie varias veces durante las décadas siguientes. Los bolcheviques la invocaron para repudiar las deudas adquiridas por el régimen Zarista.

La premisa básica de esta teoría es que ningún país, ni su gente, debería verse obligado a pagar deudas en las cuales haya incurrido sin su propio consentimiento y contra sus intereses. La doctrina de la deuda odiosa, si se reflota como norma legal, tendría consecuencias económicas radicales en países como República Democrática de Congo, Nicaragua, Sudáfrica y Filipinas, donde el dictador de turno saqueó el tesoro nacional para cubrir sus hábitos de consumo o suspender los derechos civiles.

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