Mi generación es una puta mierda

No falta quien reivindica mi generación, la de los jóvenes treintañeros, la de los niños de los 80, la generación de la transición, con anuncios de tv o cadenas de emails en las que se ensalza nuestra infancia y se alude (como mérito) más a lo que pudimos ver por la tele que a lo que hicimos, si es que alguna vez hicimos algo de provecho.Yo no tengo más remedio que pensar que mi generación es una mierda.

Crecimos viendo “La bola de cristal” pero nunca fuimos capaces de apagar la tele o de añadir a nuestros principios alguno de sus subversivos mensajes. Crecimos durante la transición, la época de los cambios políticos y dejamos que nos impusieran sus cambios sociales y nos dieran gato por liebre. Salimos a manifestarnos contra la OTAN y acabamos votando a favor, cuando llegó la Constitución Europea, ya estábamos adoctrinados. Ni siquiera nos manifestamos.

Fuimos pioneros en acceder a la tecnología y lo único que aprendimos fue a jugar a videojuegos. Tuvimos una enseñanza despolitizada con profesores que por vez primera podían esnseñar con libertad y no aprendimos nada más que a pensar en nuestro propio interés. Confundimos ser inteligentes con ser listos. Dejamos que se nos dividiera por regionalidades o nacionalidades, nos inculcaron orgullos que nada tenían que ver con nuestros méritos si no con nuestras circunstancias.

Sin quejarno, dejamos que nos sustituyeran el INEM por las ETTs, a las que acudíamos a hacer cola después de pasar por una universidad masificada en la que solo importaba el título. Fuimos a por pisos y nos encontramos con hipotecas enormes y sueldos más bajos que los de nuestros padres no-universitarios. Nunca nos quejamos, somos una generación que disimula, que no habla en público de sus sueldos y su hipoteca, que no reconoce que no llega a fin de mes, que aparenta como nadie que es capaz de seguir el tren del consumo, de pertenecer al rebaño, por que si 20 millones de personas piensan igual no pueden estar equivocados.

Tenemos conocimientos que nuestros padres nunca hubieran soñado y sin embargo soñamos con sus condiciones laborales. Permitimos que nuestros derechos como trabajadores hayan ido desapareciendo hasta el punto de que ser un explotado es un privilegio. Dejamos que los sindicatos fueran un agente social decorativo.

Dejamos que nos educaran las peliculas americanas en las que las asociaciones y los sindicatos y cualquier cosa que oliera minimamente a socialismo eran algo cutre y marchito. El joven de talento destaca rápidamente entre la masa, aprovecha las oportunidades cuando le llegan, por encime de quein sea. El mercado es el único que defiende bien tus derechos.

Y así, dejamos que el Primero de Mayo se convirtiera en un día en el que hay que felicitar a los sindicatos y seguir compadeciendo a los trabajadores.

Dejamos que el dinero viajara sin problemas por todo el mundo, sin conocer frontera alguna, pero levantamos muros y vallas para los que venían a buscarlo, negándoles las oportunidades que nuestros abuelos encontraron en otros paises.

Consumimos y nos entrenemos hasta morir por unas necesidades creadas a traves de una publicidad que nos bombardea sin descanso y nunca nos movilizamos por nada que no estuviera a menos de 5000 km., que de verdad nos afectara y necesitara de nuetra unión  Cuando de verdad salimos a la calle, nuestro coraje se difuminó como el gas de una botella descorchada, a no ser que fuera para pelearnos entre nosotros por lenguas y banderas y equipos de fútbol locales.

Crecimos educándonos en el realismo. Pensando que las cosas son así y no se pueden cambiar, mejor no pensar en las desgracias, las injusticias y los desastres por que no podemos hacer nada, salgamos a divertirnos.

En resumen, somos dóciles, acomodados, egoístas, lo suficientemente cultos como para ser cínicos, interesados e hipócritas, e incluso hay hasta quien se muestra orgulloso de ser un tonto feliz. Y lo malo de ser un tonto feliz es que cuando no se es feliz, sólo se es un tonto.

Y lo peor es que todo va pasando de generación en degeneración.

 

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