Miradas

En las grandes ciudades la gente no es mas que un mero transeúnte que da vida y color a las calles. Sin embargo, no todo es bonito y también en este tipo de ciudades se reune un gran numero de excluidos, gente que no ha tenido la suerte que otros tenemos.

Poco a poco, según avanza el día, las calles van vaciándose para convertirse en hogares de cientos de personas que a veces parece han perdido el status de persona. Nadie repara en ellas y los que lo hacen los miran con aire de superioridad, como si fuese una elección de cada uno tener que vivir así.
Son las miradas lo que más llaman la atención. Los tratamos como objetos, pasamos por encima de ellos, pero nadie los mira directamente a la cara. Ningún transeúnte es capaz de mirar a la cara al hombre que pide en el metro o a la mujer que se acerca con algo que vender. Nos creemos tan superiores que no los tratamos como personas si quiera, pero a la hora de la verdad, esa superioridad de la que presumimos, nos hace sentir tan avergonzados o intimidados que no podemos levantar la mirada.
Ellos sin embargo no tienen miedo de mirarnos a los ojos.
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