Primeros Ruidos

Los últimos días de 2007 nos dejaron multiples noticias de las cuales dos me parecen premonitorias del ruido que se va a generar en un 2008 que estará marcado por la campaña electoral.

Por un lado los obispos decidieron seguir haciendo política y reunieron a las familias cristianas en defensa de las familias cristianas en la Plaza de Colón de Madrid. Por otra parte, partido de futbol amistoso entre Euskadi y Cataluña. Cada cual arropado con su propia tela o bandera, que en estas fechas hace fresquito.

En conclusión, ruido de nacionalismos y fundamentalismos religiosos para este año. Ruido empeñado en darle la razón a Ryszard Kapuściński y a la opinion sobre las pestes sociales que en 1993 vertía en su libro El Imperio.

Al mundo lo amenazan tres plagas, tres pestes. La primera es la plaga del nacionalismo. La segunda es la plaga del racismo. Y la tercera es la plaga del fundamentalismo religioso. Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común: la irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una mente tocada por cualquiera de estas plagas. En una cabeza así constantemente arde una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración. Que asientas a lo que él dice, que le concedas la razón, que firmes tu adhesión. Si no lo haces, ante sus ojos no tienes ninguna importancia, no existes, pues sólo cuentas como un instrumento, como un arma. No existen las personas, existe la causa.

Una mente tocada por semejante peste es una mente cerrada, unidimensional, monotemática y sólo gira en torno de un único tema: el enemigo. Pensar sobre el enemigo nos alimenta, nos permite existir. Por eso el enemigo siempre está presente, nunca nos abandona.

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Por otra parte (…) poseen algo envidiable. No los atormenta la complejidad del mundo ni el que la suerte del hombre sea frágil e insegura. Les es ajena la inquietud que suele acompañar las preguntas como ¿cuál es la verdad?, ¿qué es el bien?, ¿qué es justo? Desconocen el desasosiego que atormenta a los que suelen preguntarse: ¿Seguro que tengo razón?

El suyo es un mundo pequeño: unos cuantos valles y montañas. Es un mundo sencillo: a un lado de la barricada, nosotros, los buenos, y al otro, nuestro enemigos. Es un mundo regido por una diáfana ley de exclusividad: o nosotros o ellos.

Y si, aparte de ellos, existe otro mundo, ¿qué quieren de él? Que los dejen en paz. Necesitan la paz para seguir rompiéndose los huesos los unos a los otros.

Leido en Quomodo

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