El Perdón

Una vez conocí a un tipo. Apenas pasaron unas horas cuando descubrí que me había mentido. Al cabo de un tiempo, volví a verlo una segunda vez y de nuevo fui víctima de sus embustes. No supe más de él y lo único que puedo decir acerca de aquel tipo es que es un mentiroso.

Coincidí contigo por vez primera cuando la infancia le daba el relevo a la adolescencia. Desde entonces hemos reído juntos, hemos llorado – tú más que yo – hemos discutido, nos hemos engañado y nos hemos reconciliado. Hemos madurado tanto que ahora somos mucho mejores adolescentes que hace quince años.

De ti no sé qué decir con exactitud, no puedo decir que seas ni buena ni mala, ni arrogante, ni humilde, ni hipócrita, ni honesta. Aunque seas todo esto a la vez. Y por supuesto me mentiste – nos mentimos – muchas más de dos veces.

Supongo que todos somos un poco buenos y un poco malos y en ese porcentaje en el que nos conocemos, nos aceptamos y nos sabemos reside la capacidad para el perdón. Yo tomé conciencia de todo lo que podía perdonarte cuando te conocí.

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