Los reflejos de los Espejos de Galeano

El Anfiteatro de la Casa de las Americas era el escenario pensado para celebrar el acto. Eduardo Galeano sentado en medio de un auditorio hemicilíco como un viejo prefesor en un aula magna. Todos los asientos ocupados y gente sentada derás de él, en las escaleras y en los pasillos. También hay unbuen número de gente de pie detrás de las última sillas. Tras la presentación, comienza a hablar el utuguayo sobre su libro, en el que una vez más pretende dar voz a los que fueron acallados por la historia.

Comienza hablando sobre las mujeres, denunciando que la mentira que supone que detrás de un gran hombre hay una gran mujer ha relegado a las mujeres en la historia a poco menos papel que el de respaldo de una silla. A continuacíón relató como ejemplo a la emperatriz bizantina Teodora. Gobernanta que dictó en la vieja constantinopla las leyes más feministas jamás conocidas.

Tras las mujeres, fue el turno de las migraciones. Galeano, que parecía escoger realtos de su libro como quién desgaja una naranja, leyó con su tono diversas historias sobre los muros mudos que se levantan en Mexico, Palestina, Ceuta, el Sahara, se pregutó por qué nadie pisió papeles a Pizarro, pasaporte a Colón o certificado de buena conducta a Hernán Cortñes. Se preguntó por qué los componentes del Mayflower eran peregrinos y no inmigrantes, y recordó al fin, que más que pese a algunos, el origen del hombre está en Africa y todos somos africanos emigrados.

Repasó con diversas fábulas los tópicos sobre los gitanos, los latinamericanos, los homosexuales. Habló sobre la globalización y la bobalizacion, sobre las amenazas nucleares y las guerras proclamadas por Bush, Blair y un “español del que no se acuerda”. Entre las risas complices del aforo demostró que es hombre pese a lo que ha visto, vivido, sufrido. Pese a tanto horror, cuando se rie lo hace con el cuerpo entero, como aquellos que a pesar de todo son capaces de ver que quizás nos encontremos en el parto de un nuevo mundo, como él mismo dijo.

Tras finalizar la lectura, tras unos incansables minutos con el público aplaudiendo en pir, comenzarón las preguntas del píblico que le interrogaron sobre ecologismo, vountariado, sobre El Che, sobre la globalización, la carrera armamentística etc. Cuando alguien del publico le pregunto sobre el nacimiento de un nuevo liderazgo sudamericano frente al imperio norteamericano desconfío en voz alta de cualquier liderazgo y su apuesta por los lazos solidarios de las comunidades pripios de alguien de la “epoca del internacionalismo”. Las respuestas de Galeano se convertían en nuevas fábulas que el público escuchaba con inusitado interés. No parecía haber diferencia entre su conversación habitual y sus escritos lo que, pese a quien pese, dota al uruguayo de una honestidad brutal.

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