Un Paseo por la Feria del Libro


Mi primera Feria del Libro en Madrid fue mejor de lo que nunca hubiera podido imaginarme. El primer Sábado de feria me levanté temprano para acercarme a un parque del Retiro que se encontraba poblado de casetas llenas de libros.

Mi primera parada reseñable fue en la caseta de la librería Antonio Machado, en ella se encontraban en menos de 15 metros de longitud el poeta granadino Luis García Montero, el historiador Paul Preston, y entre los dos el autor catalán Quim Monzó. Ya dónde este último me dirigí.

Para quien no conozca a Quim Monzó, tengo que recomendar “86 cuentos”, una recopilación muy interesante de sus mejores relatos y una forma perfecta de acercarse a su obra. Precisamente este libro era el que llevaba en mi mochila y el que utilicé como excusa para acercarme a que me lo autografiara y charlar un rato con él, el suficiente, teneiendo en cuenta que el pobre estaba pasando bastante desapercibido. Muy amable, correcto y simpático me habló de lo bien que se come en las sidrerías de Astigarraga y de lo bien que cocina David de Jorge.

Unos metros más adelante y a la derecha estaba la caseta de Siglo XXI editores. Eché un vistazo ya que sabía que un rato después iba a firmar libros allí Eduardo Galeano. Allí había otro chico despistado y la respnsable de la caseta que en confidencia nos dijo que nos pusieramos a hacer cola ya por que se esperaba mucha gente. Me puse tras él.

Curiosamente al rato llegó May que también andaba vagando por la Feria del Libro, atraída por la inminente presencia de Galeano, y se quedó a mi lado.

Llegó el escritor uruguayo y después de firmarle, para su novia, el libro que llevaba el primer chico y atenía a Eduardo Galeano delante de mi, separados por el mostrador de la caseta. Cuando le extiendo mi ejemplar de Espejos,  se gira y le dice al responsable de la organización, “¿No puedo salir ahi fuera?. Y firmar ahí los libros. Delante de la caseta nomás”. El responsable se pone serio y le dice que eso no se puede hacer, que sería mucho problema de seguridad a lo que Galeano responde “Vamos a saltarlos la ley.” – me guiña un ojo y añade – ” no es la primera vez”.

Entonce sale de la caseta y se acerca a nosotros, yo no me pude ver la cara, y tampoco fui capaz de raccionar y fijame en la de mis acompañantes pero apuesto a que los tres teníamos los ojos y la boca como piscinas.

Después treinta segundos de firma, tal vez más, tal vez menos, suficientes para que me invadiera la humanidad de este periodista. Logicamente, me hubiera gustado charlar horas con él, pero que se le puede decir a alguién a quien admras excepto “Gracias”. Tanto vocabulario para esto. A fin de cuentas, para poder comunicarme con Galeano, solo necesito que nunca deje de escribir.

Después de esto comprendereis que los demás días de feria no sean dignos de ser reseñables, aunque me quedo con la sensación de ver colas muchos más largas que desembocaban en la pluma de Galeano que las que tenñían Sanchez Dragó, Jimenez Losantos y Risto Mejide juntos, tal vez no todo está perdido.

Foto | Eduardo Galeano en la Feria del Libro. Por Cuerdos de Atar

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