Cuentistas 2: De Kjell Askildsen y Quim Monzó

Leer a Kjell Askildsen e intentar contar de lo que va su literatura puede ser bastante parecido a hacerlo sobre Raymond Carver, borrando el nombre de este último y sustituyéndolo por el primero.

Compré “Los perros de tesalónica” en la pasada feria del libro de Madrid, un par de días después de que Quim Monzó me hubiera firmado mi ejemplar de “86 Cuentos” y se hubiera mostrado perplejo (o es su expresión habitual), cuando le dije que mi amigo David me lo había recomendado.

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Esa pregunta, extraída de uno de los cuentos de Askildsen y que además sirve de inicio de la contraportada, resume un libro en el que todo es desolador, especialmente el matrimonio

Y ese trozo sirve para definir todos los cuentos del libro. El libro es interesante, pero yo no pude evitar cierta sensación de desconcierto, y es que todos los cuentos son iguales, la misma narración cínica, la misma técnica austera, las mismas situaciones secas, al acabar el libro no sabía distinguir entre los personajes de uno u otro cuento, pero eso no es todo, hubiera asegurado que todos vivian en el mismo barrio de Oslo, incluso en la misma casa.

Conclusión número uno:

No me iré nunca a vivir a Noruega.


Para intentar evitar sentirme engañado, me compré otros dos suyos. Sí, ya sé que no suena lógico, pero en mi descargo diré que esta vez en edición de bolsillo para al menos esquivar el abusivo precio que pone Lengua de Trapo a sus ediciones.

Para “Un vasto y desierto paisaje“ vale todo lo dicho para el anterior, sustituyan matrimonios por vecinos o amigos, todo es desolador, especialmente la socialización.

<> esto dice una crítica de elmundo.es, y me ha parecido acorde con lo que yo pensaba, muchas gracias, Askildsen es el escritor, pero yo, nosotros, los lectores, tenemos que hacer la composición

Conclusión número dos:

Quizás la culpa la tengo yo, por vivir en España, o por haberme pegado un atracón de minimalistas americanos antes de Askildsen.


Así que cojo mi ejemplar (firmado) de los “86 Cuentos” de Quim Monzó, que no sé si vive en Españal, pero se mueve en ese límite impreciso que encierra los habitantes de este país: el absurdo.

Y resultó ser todo lo contrario al noruego, incluso siendo lo mismo. Para relatar las mismas miserias, Monzó recurre a la exageración, a la hipérbole, al humor, al juego con el lector, en el que tiene la suficiente confianza como para que entre en el juego. Si bien a veces se le va el trazo hacia cierto esnobismo de nuevo hippie, me hace recordar que las figuras estilisticas existen.

Una vez resuelto el problema con el realismo sucio, vuelvo a Askildsen. “Ultimas notas de Thomas F. para la humanidad” me gusta más. Y me reconcilió, casi del todo, con el autor, y con mis decisiones consumistas. En este – oh, sorpresa – todo es desolador, especialmente la vejez

Aun así, el viejo protagonista de todos los cuentos no te reconcilia con la tercera edad, pero sí con esos sentimientos que alguna vez nos asaltan cuando nos encontramos con un anciano en el metro, en el bús, en la frutería o en la cola del cine… sí, esos mismos sentimeientos. Se acaba de realizar la adaptación al cine, Thomas, tal vez Mai pueda darnos alguna pista de como ha quedado.

Conclusión número tres (derivada de las anteriores aunque no tiene nada que ver y de hecho no sé ni si se trata de una conclusión):

Realmente nunca se me ha pasado por la cabeza ir a vivir a Noruega (ni a Cataluña), pero tengo un amigo al que le encantaría vivir en Suecia, un consejo:

Huye de los sótanos.

Por mi parte voy a seguir leyendo a Murakami para que así se dispersen las ganas que nunca he tenido de ir a vivir a Japón.

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