La Ira de Dios

Terrorismo:

1. Táctica política que, mediante
el uso de la violencia o de la amenaza de ésta, persigue obtener determinados
objetivos.
2. Dominación de otros por
medio del terror.

Hace 20 años José Saramago escribía en “Historia del Cerco de Lisboa” un pasaje en el que el narrador se lamentaba de la precipitación de la llegada de Jesucristo a la tierra de Hebreos y Palestinos, cuando ahora, sin duda, las cosas están mucho peor en esa misma tierra y la sociedad actual está más necesitada de ser socorrida que la de hace más de 2000 años.

Saramago pone como ejemplo la parábola de la lapidación de la adultera y se fija en el hecho de que todos los allí presentes, cuando Jesucristo dijo aquello de “Que tire la primera piedra…”, reconocieron al instante su culpabilidad y desistieron en su intento de apedrear a la acusada. ¿Tendría la misma actitud un grupo de personas en la actualidad? ¿De verdad estaba tan mal aquella sociedad como para necesitar que Dios mandase un redentor?

Israel se suma al discurso norteamericano y repite hasta la saciedad que lucha contra el terrorismo, pecado del que son culpables los palestinos y por lo tanto, deben ser lapidados bajo las balas de los cañones. Gaza amanece sepultada bajo las piedras y los escombros.

Lo cierto es que según se mire, terrorismo ha existido desde tiempos bíblicos. Si en aquella época hubiera existido un departamento de defensa de los Estados Unidos, o un consejo de seguridad de la ONU, o un alto mando de la OTAN, o una Unión Europea, seguramente no dudarían en calificar como terroristas a aquellos
hebreos que liberaron a su pueblo de la esclavitud egipcia, amenazando al legitimo gobierno faraónico con siete plagas y el terror para la población que conllevarían, incluida la muerte de todos los varones primogénitos.


Es de suponer que aquel radical que hablaba con zarzas ardientes y separaba aguas incurrió en una táctica que mediante el uso de la violencia perseguía determinados objetivos políticos. Y desde esta misma definición, cualquiera que a lo largo de la historia ha tenido la más mínima posibilidad de poder ejercer esta táctica, lo ha hecho. Ahora, los Isralies, fieles a su costumbre de escuchar a los arbustos, siguen la táctica de Bush.

Así, tal vez Saramago tenía razón cuando pensaba en que tendría más lógica la llegada de un mesías en tiempos más recientes, a saber qué es lo que escribiría ahora, veinte años después, en los que la violencia, las muertes y las bombas se han convertido en los achaques de una enfermedad crónica a la que ya nos hemos acostumbrado. Tal vez debiera plantarse Jesucristo delante de los tanques judíos y decirles, “que dispare el primer proyectil el que esté libre de pecado”. Y yo, si fuera él, me apartaría al instante. Por si acaso.

Anuncios