A mi también me gusta Mario Benedetti

Escribo cabizbajo frente al monitor. El viejoven no podía vivir para siempre.

Algunos dicen que Mario Benedetti era el más romántico de los poetas vivos. Sus detractores, aquellos lectores de poesía que igualan calidad a dificultad lo criticaban por ello.

Yo no sabría muy bien que decir de Mario Benedetti, pero sí sé por qué me gusta su literatura. Benedetti era una poeta mentiroso, tal vez el mayor mentiroso de los narradores líricos.

Sus textos, en todos los estilos, hablan de amores sin dramas, construidos desde la amistad, la complicidad y el trabajo diario, sin las obsesiones de Bukowski, sin los dramas de Emily Dickinson o Alejandra Pizarnick, sin el deseo de Neruda, lejos de los traumas freudianos de Frida Khalo.

Bendetti habla del amor que se hace, y no de hacer el amor, habla de precisamente, todo aquello que se aleja del enamoramiento, de la tragedia romántica, del sinsentido del impulso de las entrañas, de amores sin tácticas, pero con estrategia.

Y sin embargo nos engaño a todos haciendonos creer que era el más romántico de los poetas. Y todos aquellos a los que les parece que si no hay un lado oscuro del amor, no se es realista, obvian que la mitad de la mayoría de los habitantes del mundo pasean por los parques de la mano de la otra mitad. Que eso es real, y que su belleza también puede ser contada, y de forma que funcione. Así que resulta que los lectores más snobs, que son los más engañados por el uruguayo, lo critican por ello.

Estoy seguro de que ahora, Don Mario, anda paseando por el Jardin Botánico del cielo de los poetas, y allí Dios, que seguro que es una mujer, lo mira como sostiene con ternura la mano complice de la Luz de sus poemas. Demostrando su honestidad y credibilidad.

Y aquí en la tierra todos sentimos que tenemos una soledad, tan concurrida.

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