La democracia rampante

Un niño de 12 años, enfadado con su padre el Barón,  se sube a un árbol y se queda a vivir de árbol en árbol. Desde entonces y hasta el final de su vida, Coósimo, que es como se llama el niño,  permanece fiel a una disciplina que el mismo se ha impuesto.  La acción transcurre en los albores del XIX y participa tanto en la revolución francesa como en las invasiones napoleonicas, sin abandonar nunca esa distancia necesaria que le permite estar dentro y fuera de las cosas al mismo tiempo. Esta es la bellísima historia que cuenta Italo Calvino en “El Barón Rampante”.
Hoy me he divertido mucho viendo los informativos y las tertulias políticas que pueblan las televisiones, en las que se preguntaban quién estaba detrás de las manifestaciones del #15M, la #acampadasol y el movimiento DemocraciaRealYa. Los de izquierdas sospechaban que la ultraderecha está detrás de estos reaccionarios, los conservadores pensaban que los grupos antisistema de izquierda son los que han movilizado a los indignados. 
Parecen no darse cuenta que no son más que un Cósimo que se ha alzado en rebeldía y ha subido a bajar al suelo a unos políticos que se han ido por las ramas. Cósimo es tan solo un símbolo, la cabeza visible allí entre las hojas que en el verano que acechaban los incendios se encomendó a la tarea de vigilar y dar la voz de alarma cuando se acercaba el fuego:
“…Comprendió esto: que las asociaciones hacen al hombre más fuerte y ponen de relieve las mejores dotes de cada persona, y dan una satisfacción que raramente se consigue permaneciendo por cuenta propia: ver cuánta gente honesta y esforzada y capaz hay, por la que vale la pena querer cosas buenas (mientras que viviendo por cuenta propia sucede más bien lo contrario: se ve la otra cara de la gente, aquella por la que es necesario tener siempre la ma¬no en la espada).
O sea que éste de los incendios fue un buen verano: había un problema común que a todos les interesaba resolver, y cada cual lo anteponía a sus otros intereses personales, y los compensaba de todo la satisfacción de hallarse en avenencia y estimación con muchas otras óptimas personas.
Más adelante, Cósimo entendería que cuando ese problema común ya no existe, las asociaciones ya no son tan buenas como antes, y que es mejor ser un hombre solo que no un jefe. Pero entretanto, como era un jefe, se pasaba las noches solo en el bosque, de centinela, sobre un árbol como siempre había vivido.”  Italo Calvino, El Barón Rampante, 1857
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