Arcade Fire en el Guggenheim de Bilbao

Llegar a las inmediaciones del Museo Guggenheim y ver un desfile de gafas de pasta, camisas con flores, faldas de Hazel y blusas de encaje me hizo recordar el  comienzo de la canción de Love of Lesbian: “Todos los raros fuimos al concierto…”. Como era de esperar, mucho moderno en la actuación que Arcade Fire se prestaba a dar en Bilbao.

Y quizá tanto espiritu moderno hizo que el escenario se colocara frente al museo, (en vez de paralaelo a él como se hace habitualmente), lo que hizo que el sonido reverberara contra las curiosas formas de la obra de Gehry y se dispersara perdiéndose la melodía de las cuerdas entre la ría bilbaina.
Arcade Fire llegaba a Bilbao con la vitola de ser el grupo de culto del momento y de tener el directo más espectacular, suficiente reclamo como para actuar casi en las mismas fechas fuera de un BBK Live que acababa de contar con Coldplay, Suede o The Black Crowes. Y sin embargo no llenó la explanada del Guggenheim.
Yo no soy fan de Arcade Fire – vuelvo a sentirme parte del tema de Love of Lesbian – pero acudi a la llamada de lo que podría ser un gran descubrimiento musical, pese a que pienso que este grupo canadiense está como mínimo, tan sobrevalorado como ese otro gran icono de la modernez que es Mad Men.

Desde “Ready to start”, con la que comezaron la actuación, hasta “Neigborhood #3” con la que se retiraron a los camerinos, 11 sinfónicos temas que no consiguieron sonar todo lo atmósfericos que debieran haber sido pero que el público acogió coreando los ohhhs y los uhhhs que salpican todas las canciones de la banda. Qué sería del rock sin un oh bien coreado.
Yo esperaba que llegara ese momento que me cautivara, en el que las percusiones marcaran el ritmo de mis latidos y la voz del cantante me sedujera hasta convertirme en fan del grupo.  Y ese momento podía haber llegado en los bises, dos canciones más con las que el grupo obsequió a una audiencia a la que no le había dado tiempo a corear el clásico “beste bat”. 

Wake Up, daba inicio a los bises como gran himno, la hipnosis estaba cerca. Pero no acabó de producirse, y es que tal vez la voz del cantante sea lo más flojo de la banda, lo que explica la necesidad de tantos coros o de que le acompañe en la voz su mujer. Sin embargo, tal vez el mayor fallo fue tocar inmediatamente después del climax que suponía Wake Up, la más popera Sprawl, para terminar así el concierto entre la perplejidad de los asistentes.
Arcade Fire están bien, pero no pude salir del concierto asegurando ser fan suyo.



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