Chagall, ‘Sens Dessus Dessous’

La primera vez que escuché el nombre de Chagall fue en una canción de Silvio Rodriguez. Después he visto muchos cuadros suyos en muchos museos pero no sé si alguna vaz he estado delante de “Oleo de una mujer con sombrero”.
Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo Chagall, corrompiéndose al centro del miedo y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
En casi cada museo importante del mundo hay un cuadro de Chagall, y llegar a él da gusto porque es fácil adivinar su autoría y decir a tu acompañante “Este seguro que es de Chagall”. Las cabezas invertidas, los burros volando, las cabras verdes, los gallos rojos o azules,  las parejas de amantes levitando y los violinistas y los candelabros cayendo del cielo o del mar,  los arlequines y los ramos de flores. Todos retratados en un intenso mar de colores son las señas de identidad del pintor bielorruso, judio que pintaba cristos, marxista, expatriado a Paris, Nueva York y Niza. Ahí es nada.

A todo este universo accedi a través de la puerta de la Sala Kubo del Kursaal de San Sebastián, para ver la retrospectiva “‘Sens Dessus Dessous’ dedicada a Marc Chagall. En ella los personajes antes descritos, más él mismo en sus autorretratos, su mujer Bella, los que parecen sun padres judíos, un hombre con paraguas, un cristo con cabeza de reloj crucificado, son los personales de una aldea fotografiados en decenas de oleos.

La intensidad de los azules y verdes intensos impresiona. Pero aún descoloca más ver una serie de cuadros en tono pastel, no muy habituales o cuadros de un rosa también muy intenso y mucho menos habituales aún.

Mi acompañante me cuenta que en las clases de dibujo le hacían copiar una imágen dándole la vuelta, y que dibuándola al revés se copiaba con más fidelidad. Uno se pregunta en la exposición qué tendría Chagall en la cabeza, en el audiovisual con fotos suyas parece un tipo afable, y no tiene la cabeza del revés como en casi todos sus autorretratos. No parece que hiciera los cuadros al revés, pero sí que les daba la vuelta varias veces.

Parece que a Chagall, lo que no se le puede discutir, es la valentía a la hora de pintar. Así que no podría acabar la entrada sin otro verso de la canción de Silvio compuesta con pinceles de Chagall.
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.
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