El chaparrón musical de Vetusta Morla

Aunque comenzarán tocando “Los días raros”, poco imaginaban Vetusta Morla que su concierto en la Ciudadela de Pamplona se iba a convertir en la noche más rara. Y esa noche de concierto rara empezó a serlo desde que en la segunda canción comenzaron a caer los primeros goterones que al quinto acorde se habían convertido en una tormenta, casi un temporal desencadenado (como si estas dos palabras nunca pudieran ir separadas.

Entonces Vetusta Morla decidieron conjurar a la lluvia haciéndole un harakiri con “La Marea”, las nubes aceptaron el reto y descargaron con todas sus fuerzas. El reto estaba lanzado, el cantante preguntó a un publico ya empapado que qué hacian, el público gritó adelante, y en Valiente las guitarras respondieron descargando toda su fuerza.

Las canciones de Mapas suenan muy intensas en directo, era previsible el final apoteósico de Los días raros, pero la propia Mapas, Lo que te hace grande o Boca en la tierra no se quedan atrás. No se quedaba atrás tampoco el público de Pamplona que saltaba bajo la lluvia como si estuviera en aquellos excepcionales conciertos de Woodstock o Glastombury, pero sin barro, o en el BBK Live todos los años.

No era Paris sino Pamplona, no era Jueves sino Viernes y Vetusta Morla no estaban dispuestos a morir bajo el aguacero, una lluvia intensa que duró ás de hora y media hasta que la música se la llevó “El hombre del saco”, y bajo la cual, la gente empapada no dejó de bailar y saltar a medida que su ropa iba pesando cada vez más y más, de perdidos al río, pensó más de uno y “En el río” trasladó una corriente de energía desde el escenario al cesped, en el que ya músicos y público compartían no solo la música, la lluvia y – algunos sufridos – los paraguas.

El tiempo no dio tregua y tampoco la banda, que apenas hizó un par de concesiones con el himnno Copenhague y Al respirar a ritmos más descansados. Las canciones que hacía salar al público se sucedían una tras otra, era lo que hacía falta, y así lo entendieron todos para hacer de una noche en la que el tiempo quiso hacer de aguafiestas, un concierto dificil de olvidar, tanto para los que estuvimos allí como, imagino, para los propios músicos.
Me gustaría haber hecho una crónicá más musical, pero no pude fijarme en los detalles, saltar y bailar bajo la lluvia hacer perder capacidad  de observación, una capacidad casi inversamente proporcional a la diversión. Ayer aplaudí las canciones, hoy aplaudo la entrega.
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