La importancia de sentirse indignado

“Vivimos tiempos de oscuridad, 

y aquí y allá florecen abadías”

George Steiner



Michael Albert, economista anarquista norteamericano, creador de ZCom, habló el #15O en una charla en un parque de Lavapies cerca del centro cultural de Tabacalera de la clase media obrera y trabajadora americana. Describió al individuo tipo de esta clase: Ve el fútbol y lee el Marca y el lunes habla de ello en el trabajo y vota a la derecha. La izquierda intelectual le dice que lea. ¿Y qué quiere que lea?. Pues a Chomsky.

Imaginemos que lo hiciera. El obrero apaga la tele, tira el Marca y se pone a leer a Chomsky. Se indigna. El lunes llega al trabajo y quiere hablar de Chomsky. Todos hablan de futbol. El obrero se enfada y se deprime. Tiene dos opciones, o vuelve a encender la tele, ver el futbol, e intentar llevar el Lunes con más alegría o sigue leyendo a Chomsky y se convierte en un marginado social. Michael Albert critica a la Izquierda Exquisita americana por no dar cobertura social a ese individuo, no protegerlo del aislamiento.

Y aquí es dónde realmente han sido importantes las redes sociales e internet y donde radica el éxito del movimiento #15M.

Por una parte, internet ha ido logrando romper nuestros círculos habituales: el trabajo, la familia, el barrio, la clase de la facultad, etc. y los ha ampliado poniéndonos en contacto con otras personas. Las personas nos estamos globalizando y la consecuencia directa al hacerlo a través de internet es la creación de nuevos círculos de relación social. Nuestro obrero enfadado, si decide no dejar de leer a Chomsky y tiene un perfil en cualquier red social puede encontrar otras personas que también lo estén leyendo.


La web 2.0 ha dotado a las redes de una topología distribuida, convirtiendo a cada individuo en receptor y emisor de contenidos. Frente a las estructuras sociales clásicas, la red exige una apertura en la que la identidad se fortalece a medida que aumentan las conexiones, la presencia en foros y realidades. Cuánto más se opine, más se converse y más contenidos se emitan o transmitan.

Una evolución parecida se produce en la información, desde las redes centralizadas en el colonialismo o los comunismos, hasta la red descentralizada con las televisiones y la prensa como grandes nodos. La red distribuida da acceso a todo el mundo a las fuentes y el receptor no considera que los periodistas de la industria, por el hecho de pertenecer a ella estén mejor informados. Como apunta Pau Llop en este reportaje sobre el periodismo a raiz del #15M.
La capacidad para unir voluntades, convocar y actuar es una condición previa a la acción política. En una red descentralizada esta capacidad se concentra en unos pocos nodos de la red. Por contra, en una red distribuida nadie depende de nadie en exclusiva para llevar un mensaje. No hay filtros. En ambas redes todo se conecta con todo pero en la segunda, no hay líderes. Por eso los medios buscaban esos nodos, quién estaba detrás de esto, ¿partidos?¿Sindicatos?. No. Detrás de esto hay una red distribuida.
Nuestro obrero a estas alturas ya ha encontrado un círculo de personas afines con las que hablar de Chomsky, que además le han proporcionado, recomendado y enriquecido con nuevas lecturas. Un día, pongamos por ejemplo un 15 de Mayo, ese círculo decide salir a la calle. Nuestro obrero sale con ellos y definitivamente ya no se siente un marginado social. ¿Pero que pasa con las personas que no son usuarios de redes sociales? ¿Y si hay otro obrero o por ejemlo, una ama de casa, igual de cabreada que nuestro obrero que no usa ni Facebook ni Twitter?. Ocurre que después del #15M se enteró por la radio de que algo se movía en las calles, no estuvo el primer día, pero luego paso a ver la acampada y a curiosear en alguna asamblea porque las vecinas no dejaban de hablar de ello en la carnicería. Una de ellas hablaba incluso de que a su marido en el trabajo, otro obrero le había dejado un libro de un tal Chomsky.Y así va aumentando la gente que el lunes en el trabajo habla de indignación, de política, de economía, del FMI y de la deuda odiosa, de la ley D’hont y de las agencias de calificación. Y un pobre hombre que llegaba con ganas de hablar del Levante – Atléti del sábado no tiene con quién hablar. Esa noche vuelve a casa, quita Punto Pelota y se pone a ver Salvados.

Por esto, el gran éxito y a la vez el gran reto del #15M es mantener las asambleas, mantenerse en boca de todos, y mantener sus contenidos en boca de todos. Todos aquellos que lo han vivido y que se sienten comprometidos con sus causas deben seguir proporcionando al resto de la población enfadada la coartada y la protección social para sentirse satisfechos o ilusionados con sus inquietudes. La utopía sería dejar que el que ve el futbol o consume telebasura sea el que se sienta marginado socialmente.

Parafraseando a George Steiner “Vivimos tiempos de oscuridad y aquí y allá, en las plazas y en los parques, florecen asambleas.”


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