¿A qué temen las mujeres?

Ayer se celebraba el Día contra la Violencia Machista, también se celebraba el Día de las Librerías. Debe ser que hay más cosas que celebrar que días al año. Ojalá algún día se celebrara solamente el segundo de ellos. Mientras tanto, rescato este artículo de hace unos años, pero que al menos da una visión fuera de los tópicos habituales sobre el tema. Lo cual vale al menos para reflexionar.

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Los hombres temen que las mujeres se burlen de ellos. Las mujeres temen que los hombres las maten. Y no en la calle cuando caminan solas, sino en su propia casa, por obra de sus seres más próximos y queridos. El temor de las mujeres está mal enfocado. Los estudios sobre criminalidad revelan que la mayor parte de los delitos cometidos contra las mujeres nunca se denuncian. Existen muchos motivos por los que las mujeres no denuncian las agresiones; el principal es el miedo. Sin embargo, en todos los lugares y circunstancias, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de fallecer de muerte violenta. Es decir, nuestros hijos corren mayor peligro que nuestras hijas, tanto de cometer delitos violentos como de ser víctimas de los mismos. Pero por quien tememos es por nuestras hijas y a ellas les enseñamos a temer por su seguridad. 

Diversas encuestas sobre el temor a ser víctima de un delito nos indican que entre las muje- res el temor es tres veces mayor que entre los hombres. Ese temor se lo han inculcado a las mujeres quienes desean protegerlas. Decimos a nuestras hijas que no hablen con desconocidos, que no se entretengan cuando las mandamos a hacer algún recado, que vuelvan directamente a casa al salir del colegio. 

El riesgo real es mucho menor que el percibido. Sólo un 10% de las mujeres muertas lo son a manos de un desconocido. Sin embargo, es a los desconocidos a quienes se enseña a temer a las mujeres. Y este miedo no es racional. Si alguien debe temer a los desconocidos tendrían que ser los hombres. Sin embargo, no les decimos a ellos que eviten los lugares notoriamente peligrosos. Todo esto nos delata que la insistente presentación de las mujeres como objetos de las agresiones actúa como instrumento de control social. La finalidad no es protegerlas sino generar y mantener un sentimiento de temor. Hay colectivos que insisten en que las mujeres debemos acudir a cursos de defensa personal pero, ¿debemos imitar esta cultura de la violencia que nos es ajena? 

El miedo de las mujeres es una construcción cultural, instituida y mantenida por hombres y mujeres en interés del grupo masculino dominante. El miedo mantiene a las mujeres bajo control, con objeto de que planifiquen sus actividades, permanezcan siempre al alcance de la vista, comuniquen adónde van, por qué medios, y a qué hora regresarán. 

El padre que insiste en ir a buscar a su hija adolescente cuando ésta sale por la noche le está instalando inconscientemente miedo, a la vez que ejerce un control consciente sobre ella. Su hijo adolescente corre mayor peligro pero al padre jamás se le ocurriría ofrecerse para llevarle a casa cuando sale con sus amigos. El clima de amenaza en el que se sienten envueltas las mujeres es en su mayor parte un fraude. El mito de la condición de víctimas de las mujeres las mantiene «alejadas de la calle» y recluidas en casa, el lugar donde corren mayor peligro. 

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Pero ante todo este grave problema, no queremos dejar de señalar que la causa subyacente de toda violencia hacia la mujer en cualquier parte del mundo es la discriminación, que les niega la igualdad respecto de los hombres en todos los aspectos de la vida. La violencia tiene su origen en la discriminación y a la vez ésta sirve para reforzarla. Así lo ha declarado AI en su campaña mundial “No más violencia contra las mujeres” y así lo llevan denunciando durante años los movimientos feministas. La violencia contra las mujeres es un escándalo en materia de derechos humanos y es que es la violación de derechos humanos más universal, oculta e impune de cuantas suceden en la actualidad. Prevenir la violencia contra las mujeres nos exige hacer frente a las actitudes y estereotipos religiosos, sociales y culturales que menoscaban a la mujer como ser humano. 


COMPLETO: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=23346 

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