Políticos light

En su libro “Algo va mal”, Tony Judt hace una descripción más que acertada de la clase política que, en general, tenemos.


“Los hombres y mujeres que dominan la política occidental actualmente son acada vez más producto – o, en el caso de Nicokas Sarkozy, subproducto- de los años sesenta. Bill y Hillary Clinton, Tony Blair y Gordon Brown pertenecen a la generación del baby boom (…) (lo mismo que Rasmussen, Ségolène Royal, Aubry o Van Rompuy)


Esta cohorte de políticos tiene en común el entusiasmo que no son capaces de inspirar al electorado de sus respectivos países. No parece que crean muy firmemente en un conjunto coherente de principios o políticas, y aunque ninguno de ellos ha sido tan execrado como el ex presidente Bush (también de la generación de baby boom), contrastan llamativamente con los estadistas de la II Guerra Mundial. No transmiten ni convicción ni autoridad.


(…) Si hay una generación de hombres y mujeres públicos que comparten la responsabilidad por la desconfianza colectiva que nos inspira la política, sin duda ellos son sus representantes. Convencidos de que hay poco que puedan hacer, hacen poco. Lo mejor que puede decirse de ellos, como en tantos casos de la generación del baby boom, es que no representan nada en particular: son políticos light


Al dejar de confiar en esas personas, perdemos la fe no solo en los parlamentarios y congresistas, sino en el Parlamento y en el Congreso (…)”


Es algo de lo que he estado quejándome hace tiempo. Para que los más mayores me entendáis, somos una generación que en el 2000 tenía unos 13 años así que podemos decir que más o menos empezamos a interesarnos por la política en el 2004. Sacad cuentas de cuantos “grandes políticos” hemos conocido. Estoy segura de que al leer el texto a todos se nos han ocurrido unos cuantos nombres para añadir a la lista.

Como bien dice Judt, hacen poco pensando que poca cosa se puede hacer desde la política y así nos va. Todos hablamos sin parar de la crisis financiera pero somos menos los que hablamos de la crisis de la política. Parece que es algo que hemos asumido hace tiempo y vemos como algo sin remedio “bah, si estos no pueden hacer nada. Ni cortan ni pinchan” Llamadme ilusa pero ni cortan ni pinchan porque no quieren.

Creo que es algo sobre lo que deberíamos reflexionar durante esta semana, con tanta celebración (yo me pregunto qué es lo que hay que celebrar) y cumbre salvadora (o matadora) en Europa.

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