Clay Davis y Francisco Camps: All in the game

No son pocos los que han pensado en The Wire cuando en los informativos han visto las ridículas imágenes del juicio a Camps. Los paralelismos entre el proceso contra el ex presidente de la comunidad valenciana y el senador corrupto de Maryland, Clay Davis, son tan pronunciados que podría pensarse que unos se han basado en otros si no fuera porque el proceso real ha ocurrido 2 años después de que se rodara el de ficción. ¿La realidad imita a la ficción?. Tal vez no.

David Simon pretende mostrar en The Wire que la política ha perdido la capacidad para ayudarnos a mejorar nuestras vidas, que solo se preocupa por sí misma y funciona como vía para el enriquecimiento de los menos escrupulosos, una perfecta extensión del capitalismo salvaje que penetra en todos los niveles sociales. Para ello, crea al personaje de Clay Davis basandose en tres políticos reales del estado de Maryland, logrando el político más sucio y oscuro del Atlántico Norte, el tipo con el verbo más reluciente del mundo que, si bien no es eficiente ni apto en su trabajo, resulta efectivo como hombre preocupado por su supervivencia, y nos cae bien por su inimputabilidad, su completa falta de escrúpulos y su habilidad para moverse entre las alimañas: Corrupto, demagogo, charlatán, un gran actor que ha aprendido que la política es sobre todo gestos y ademanes y sonrisas y apretones de manos y de dinero. Que mientras sepa hacer circular este precioso bien entre unas cuantas manos selectas no hará falta realmente lograr nada en el mundo de la política como tal. Sin embargo resulta fascinante en su conocimiento de las maniobras políticas necesarias para ser a la vez un hábil cobrador de peajes y estafas y un héroe de la gente y del pueblo. (Por suerte, en esta habilidad es dónde parece que se han acabado los paralelismos con Camps).

Sin duda, es mejor verlo que contarlo:

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