El teatro de Vetusta Morla

(Foto: Jurdana Martin)

“Mañana podrás hacer una crónica en la que hables de música y no del tiempo”, me decía mi acompañante en las puertas del Teatro Kuraal al salir del concierto de Vetusta Morla. Y es que la anterior vez que fuimos a ver tocar al grupo madrileño, el verano nos obsequió con una brutal descarga de lluvia en La Ciudadela de Pamplona. Y más de uno nos temimos lo peor al escuchar “La Marea”, no invoqueis a los dioses del tiempo en medio de una ola de frio siberiana, pese a que estemos en un teatro. Nunca se sabe.

Y es que el de Donostia es uno de los cuatro conciertos que Vetusta Morla va a ha hacer en teatros. Para ello, han modificado su habitual descarga eléctrica, rediseñando el repertorio y arreglando algunas de las canciones habituales para una primera parte más acustica. Así en esta primera parte se puede disfrutar de temas que habitualmente no suelen tener presencia en los conciertos de Vetusta, como Autocrítica, o Pequeño Desastre Animal, que dio comienzo al recital con el guitarrista Guillermo Galván y el cantante Pucho solos en el escenario y con este último atreviéndose a cantar sin micro para todo el teatro, y lel Auditorio del Kursaal no es precisamente pequeño.

En esta parte desenchufada, más tranquila, algunas canciones cobraron más protagonismo del habitual, “Baldosas amarillas” incluía unos nuevos arreglos y un juego coral con el público que le daban una nueva dimensión y “En el río” demostraba cargada percusión que esta canción en directo aguanta lo que le echen.

Como era de esperar el concierto fue in crescendo en el ritmo y sin que el público sintiera ningún cambio abrupto en el estilo nos encontramos con una banda completamente enchufada (ellos y sus guitarras), dando los habituales saltos por el escenario y sonando a tope. Y como resulta raro escuchar a Vetusta Morla a todo columen y sentado sin tener un volante delante, todo el teatro se puso en pie para intentar saltar en la baldosa de delante de su butaca en una suerte de funambulismo imposible hasta poner cierre al concierto con Un día en el mundo, salir del escenario, volver tras la negativa del patio de butacas a volver a las mismas a gritos de “beste bat” y acabar a lo grande con unos bises que incluían Los Dias Raros, Lo Que Te Hace Grande, El Hombre del Saco y Autocrítica para dejar que los pasos de un entregado aforo completo retumbaran en el umbral del teatro encaminándose a la ola de frio de la que se habían guarecido durante dos cálidas horas y media.

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