La gala de los cabezones

La noche del domingo tuvo lugar la gala de los premios Goya, también conocidos como “cabezones” por su gran tamaño. Pero no fueron los únicos cabezones que acudieron al evento.

Cabezón demostró ser Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine, diciendo que “Internet no es alternativa, ni sustituto, ni complemento al cine”. González Macho es productor, distribuidor y exhibidor, propietario de los cines Renoir, lo que explica que no aplauda un nuevo modelo de consumo que deja a un lado las salas convencionales. Pero también es propietario de la página de descargas “Filmin”, lo que significa que conoce el volumen de negocio que puede haber en Internet… y que no le satisface. Ante eso hay dos posturas: pensar en qué errores se están cometiendo al ofrecerse al público a través de Internet, o quejarse de que los espectadores no hacen lo que quieres que hagan. La postura oficial de la Academia de Cine Español es la segunda, dadas las palabras de su vicepresidenta, Marta Etura: (el público) “de forma visceral, que no racional, trata con indiferencia y en algunos casos con hostilidad nuestro trabajo”. O sea, que las películas españolas no tienen más éxito porque se les tiene manía. El espectador no escoge cine español, a mala fé. El profesor me suspendió porque me tiene manía, mami.

Cabezones demostraron ser también los miembros de Anonymous, que lograron finalmente colarse en la gala, pese a que los servicios de seguridad alejaban del recinto a cualquiera que portara una máscara de Guy Fawkes. El “anónimo” no fue el único espontáneo que amenizó la velada, puesto que otro individuo logró saltarse todas las medidas de seguridad, subir al escenario en directo, interrumpir a Isabel Coixet cuando iba a recoger su premio y hablar durante unos 15 segundos, antes de que nadie se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo. Dejando al margen la simpatía que puedan despertar las motivaciones de ambos espontáneos, el error de seguridad es extremadamente grave.

Y especialemente cabezón fue un servidor, empeñado en ver la gala hasta el final, convencido de que el show llegaría a ser divertido y gracioso en algún momento. No lo fue.

O no me lo pareció. Pero claro, a lo mejor González Macho tiene razón y obro a mala fé al escribir estas palabras, movido por una secreta animadversión hacia el cine español. Será eso, sí. Seguro que ver a Antonio Resines rapeando no ha tenido nada que ver.

 

 

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