Creciendo con el cine: prólogo

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Para los de cierta generación, hay un antes y un después de saber quién era el padre de Luke Skywalker. Y esa fue sólo la primera de muchas revelaciones porque, creciendo en los años 80, descubrimos también que los mejores arqueólogos tienen miedo a las serpientes, que un Spectrum podía desatar la guerra atómica o que las bicicletas pueden volar.

Y luego, maduramos.

Y convertidos en treintañeros, a menudo sin cargas familiares y dispuestos a gastar dineros en nuestras nostalgias, descubrimos además que nos habíamos convertido en un target comercial. Evocar iconos de los 80 había sido durante años un ejercicio de memoria cervecera, divertido y gratuito (salvo por el coste de las cervezas), pero de repente se transformó en una rutina de consumo: si John McLaine e Indiana Jones vuelven a los cines, paguemos la entrada para verles. Si Bon Jovi da un concierto, acudamos hoy al evento no vaya a ser que mañana sea demasiado tarde. Si “El coche fantástico” se edita en DVD, compremos la teleserie completa, aunque luego no tengamos coraje para verla.

En ese contexto, Oscar Lombana tuvo una idea tan brillante como sencilla: recopilar en un libro toda la iconografía ochentera de películas, cómics, muñecos, colecciones de cromos, pastelitos, dulces, revistas, programas de televisión, lo que fuera. Todas las imágenes, colores y símbolos que resumían diez años de nuestra vida, esos diez años en los que pasamos de lo que queríamos ser a lo que realmente somos.

Ese libro se tituló “Papel y plástico”, y tiene un gran atractivo, en un sentido plástico (ése es su papel). Su más que notable éxito justificó una segunda y una tercera entrega, tan virtuosas en lo gráfico… como huérfanas en el relato. Por supuesto que es una gozada ver, treinta años después, un surtido de Airgam Boys… pero ¿por qué se llaman así? ¿Quién los creó? ¿Por qué era menos populares que los Clicks, si aquellos eran realmente bípedos y éstos no? Y ya puestos, ¿por qué He – Man parece la versión oxigenada de Conan? Y yendo más allá, ¿podría el doctor Jiménez del Oso habernos explicado la solución a esos misterios, o habríamos apagado la tele antes de llegar al final, acojonados por su cavernosa voz?

En resumen: ¿por qué quedarse con el envoltorio de los 80, con el papel y el plástico, pudiendo urgar hasta el fondo? ¿Por qué no dar voz a esas historias, apasionantes o triviales, que explican la vida y la muerte de los objetos que nos acompañaron? ¿Por qué no contar el relato de las pequeñas cosas que amamos?

Ése es el relato que espero ir contando, poco a poco, por entregas, en el espacio donde habitan los Cuerdos de Atar. Y pretendo hacerlo a través del cine, con las películas icónicas de los años 80 como excusa y motor para hablar de todo lo que nos sedujo en aquella década. Porque pensar en “Los Goonies” es recordar las horas jugando al Brilé, a la Peste o al Bote Bote, después del colegio. Porque la banda sonora de “Flashdance” hay que escucharla en un walk – man. Porque evocar “El secreto de la pirámide” es revivir aquellas noches bajo las mantas, leyendo no a Sir Arthur Conan Doyle sino a otro Sir: a Sir Alfred Hitchcock y a los Tres Investigadores.

Cada quince días espero ofrecer aquí una nueva entrega de estas memorias de los 80. En las semanas intermedias, compartiremos las curiosidades y anécdotas más divertidas de la película que sirva de leit – motif para cada entrega. Y la primera entrega, la semana que viene, será sobre la película con la que comenzó, para mí, la década de los 80. O al menos, mi década de los 80.

Pero estoy seguro de que, más allá de las sutiles diferencias, mi década no fue muy distinta a la vuestra. Porque, al final, todos reimos y lloramos casi a la vez. Y todos quisimos que Daniel – San venciera a los malos, que Marty McFly enderezara a su padre, que a Connor MacLeod no le cortaran la cabeza, o que Buttercup se reencontrara con Westley. Estoy seguro de que mis recuerdos son los vuestros.

Y pocos recuerdos se han grabado tan a fuego, a fuego de espada láser, como el grito desgarrado del joven Luke al descubrir quién es su padre. Por eso, la semana que viene, “Creciendo con el cine” empezará su crecimiento con “El Imperio contraataca”.

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