Jose K. Torturado

“El error es pensar que aquellos que estaban preparados para detruir el sistema pueden estar preparados para construir uno nuevo”. Javier Ortiz, Jose K. Torturado

Esta es la frase que me marcó de la obra de teatro escrita por el periodista Javier Ortiz. La obra es un monólogo sobre la tortura, o eso dicen las crónicas. A mí me pareció más bien una obra sobre un torturado que plantea en su retahila dilemas sobre el orden mundial, el poder, el sistema y el terrorismo, que sobre la tortura en si. No dudo que la obra la inspirara la premisa de si es lícita la tortura sobre un terrorista capturado unas horas antes de que una bomba que solo él sabe dónde va estallar cumpla su brutal cometido. Pero las preguntas sin respuesta que acaba por hacerse el terrorista torturado en su rasgado monólogo trascienden el ámbito  de la tortura.

Y claro, habiendo uno vivido, escuchado, visto y leído hasta la saciedad en estos últimos meses tantas conversaciones – o discusiones – sobre el cariz revolucionario de los molimientos como el 15M o los Occupy, las indignaciones, las primaveras árabes, etc. y sus fracasos o éxitos, las dudas sobre la capacidad real para cambiar el sistema de los movimientos asamblearios, José K. Torutrado se convierte en una obra imprescindible al ofrecer un repaso por todo el cuestionario filosófico alrededor de estos temas.

Sin ir más lejos, lo primero que pensé al escuchar la cita que encabeza este texto es que quizás el fracaso del 15M haya sido intentar destruir el sistema con gente simplemente está preparada para el fin contrario: construirlo.

Pero dejando atrás el 15M, hay que ir a ver José K. Torturdado, porque el público que salga de la sala, no podrá evitar pensar en lo que ha visto ni sacar sus propias conclusiones sobre sus vivencias y la sociedad en la que vive, y eso ya lo hace una experiencia importante.

“Mis métodos sólo se diferencian de los vuestros en que los empleo por libre. Si la gente viera, si la gente quisiera ver cómo se fabrica el café que se bebe cada mañana, si asumiera qué sórdida cadena de desgracia hay encerrada en ese paquetito de 250 gramos que compra en la tienda de la esquina; si hiciera lo necesario para saber lo mismo del azúcar, y de la gasolina que mueve su coche… No podría aguantarlo, el diafragma le hundiría perpetuamente el corazón”. Quien habla es José K., su monólogo de una hora y diez minutos -interpretado por un Pedro Casablanc tan colosal que mete miedo- es un ataque directo a la doble moral, a la hiocresía y al cinismo de la socidad, al mirar para otro lado, pero sobretodo, una razón para ir más allá de preguntarse entre la distinción entre el bien y el mal, y hacerlo sobre la diferencia entre lo justo y lo correcto.

“Todo vuestro ridículo Occidente vive en la opulencia gracias a que el resto de la Humanidad malvive en el hambre y la enfermedad”, José K.

Dicen autores e interpretes que la primera reacción del público al terminar la obra es aplaudir a rabiar al protagonista en albornoz, eso es lo que ocurrió en el pase que tuve la oportunidad de ver. Un público epatado esteriorizaba las preguntas que se iba a hacer al salir del teatro con una ovación larga y cerrada. Y eso ocurría en el Teatro Español de Madrid hace unas semanas. Me gustaría saber cómo será la reacción el próximo 14 de Marzo, en el que la obra se exhibe en el Teatro Principal de Donostia en un pase único dentro de la muestra DFeria.

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