Un país en vías de subdesarrollo

Muchas veces hemos comentado que España, Europa y tal vez todo el planeta va camino del corralito que vivió Argentina hace una década. En “Las venas abiertas de América Latina” (1971), Eduardo Galeano plantea la tesis de que la historia del subdesarrollo de América Latina integra la historia del capitalismo mundial. De su lectura a este lado el charco se puede sacar alguna conclusión más: es también la historia del subdesarrollo de España.

Cando los Reyes Católicos financiaron el viaje de Colón no pretendían expandir su reino Sus razones eran económicas. Deseaban acceder directamente a las fuentes de materias primas (especias, metales, etc.) y librarse de la cadena de intermediarios y revendedores de los productos de las tierras de oriente. España y Europa entera necesitaban plata debido al agotamiento de las canteras de Bohemia, Sajonia y el Tirol.

España vivía un largo periodo de reconquista de los terrenos que había perdido frente a los árabes y la guerra había agotado el tesoro nacional. Se intentaba adquirir realidad como nación luchando contra el Islamismo y el Judaismo, expulsando a árabes y judíos. Alentados por el Papa valenciano Alejandro VI, que nombró a Isabel la Católica dueña y señora del Nuevo Mundo, la conquista de América combinó la propagación de la Fe cristiana con el saqueo de las riquezas nativas. Salvo contadas excepciones como las de Colón o Magallanes, las expediciones no estaban sufragadas por los gobiernos sino por los mismos conquistadores o por mercaderes y banqueros. El mismo Hernán Cortes hipotecó todos sus bienes para iniciar la conquista de México por los que los Incas, Mayas y Aztecas empezaron a pagar tributos y a ser esclavizados en sus propias tierras sacando oro y plata de las minas.

Entre 1545 y 1558 se descubrieron las minas de plata de Potosí y después, las minas de Zacatecas y Guanajuato en México. Las minas de Potosí eran tan abundantes que veinticinco años después de su fundación contaba con una población de 60.000 habitantes, y poco después superaba en población a Londres, Roma, Madrid o Paris. Hoy es una ciudad pobre con hermosas construcciones de la época colonial que ya no da plata al mundo pero que nos ha dejado una frase “Vale un Potosí” en nuestro idioma desde que Don Quijote dijera: “Si yo te hubiera de pagar, Sancho [… ]  las minas del Potosí fueran poco para pagarte”

Los metales de las colonias hicieron posible el desarrollo económico europeo, de una forma que no habían conseguido ni siquiera los tesoros persas conquistados por Alejandro Magno para el estado helénico.

Pero no al progreso de España.

Los acreedores del reino vaciaban sistemáticamente las arcas de una Corona hipotecada que cedía por adelantado casi todos los cargamentos de plata a los banqueros europeos y españoles. Los impuestos corrían en gran medida la misma suerte. En 1543 un 65% del total de las rentas reales se destinaba al pago de las anualidades de los títulos de deuda.  Era un imperio rico con una metrópoli pobre en la que la ilusión de prosperidad no se conseguía mediante burbujas inmobiliarias sino bélicas. El motor de la economía era la industria militar que creaba armadas invencibles. La Corona abría frentes en todas partes mientras la aristocracia despilfarraba y se multiplicaban en suelo español curas, guerreros, nobles y mendigos al mismo ritmo que crecían los precios y las tasas de interés. España guerreaba por encima de sus posibilidades.

La industria y la artesanía, tal y como ahora lo hace el I+D y la produción,  moría al nacer en en un reino con una economía enferma que no podía resistir la gran demanda de alimentos y mercancías consecuencia de la expansión colonial. Aumentaba el gasto público, se agudizaba el déficit comercial y la inflación se desataba. ”Cuanto más comercio con los españoles tiene un estado, más plata tiene” escribía Colbert.

Pese al espejismo jurídico del monopolio, España solo dominaba el 5% del comercio con sus posesiones coloniales. Cerca del 30% estaba en manos de holandeses y flamencos, el 20% lo controlaban los genoveses, el 10% los ingleses y algo menos los alemanes. América era una posesión española pero un negocio europeo. Como dice Eduardo Galeano “España tenía la vaca, pero otros tomaban la leche”

En las décadas siguientes Carlos V y Felipe II se dedicarían a más de lo mismo. Con la Inquisición como estandarte guerrearon contra el calvinismo y el protestantismo incipientes en Europa y contra el Islamismo en Turquía. Se aplastaba a la burguesía castellana en la Guerra de los Comuneros o a los artesanos insurrectos de Valencia. La lucha frente al desarrollo se hacía patente en una Inquisición que quemaba herejes y libros y se expulsaba a los artesanos flamencos protestantes que acogidos en Inglaterra darían un gran impulso, primero a la manufacturación británica, y luego a la norteamericana, dónde fueron parte importante en el desarrollo de Nueva York. De nuevo, como ocurrió con la expulsión de artesanos árabes y judíos, la religión se convertía en el principal obstáculo del progreso industrial de España. Los capitalistas españoles se convertían en rentistas, comprando títulos de deuda de la Corona y no invertían su dinero en desarrollo industrial.

Viñeta de “La Avenida Dropsie” Comic de Will Eissner donde se retrata la historia del Bronx neoyorquino

El excedente económico deriva hacia cauces improductivos, los viejos ricos – dueños de la tierra y títulos nobiliarios – levantaban palacios y acumulaban joyas mientras los nuevos ricos compraban tierras y títulos de nobleza. Ni urdangarines ni cayetanos contribuían al desarrollo y no estaban obligados a pagar impuestos ni a rendir cuentas por sus deudas.

Llegaron las derrotas militares y los tratados comerciales que otorgaban concesiones que reducían aún más las exportaciones y aumentaban las importaciones. Se llegó al colmo de autorizar la importación de tejidos extranjeros y prohibir la exportación de paños castellanos si no era en dirección a América. Mientras, en Inglaterra se prohibía la salida de oro y plata, se monopolizaban las letras de cambio, se impedían la extracción de lana y se expulsaba de los puertos a los mercaderes extranjeros. Las repúblicas italianas protegían su comercio exterior y su industria mediante aranceles, privilegios y prohibiciones.

Un decreto de mediados del siglo XVI impedía la importación de libros extranjeros y a los estudiantes cursar estudios fuera de España. La Universidad de Salamanca redujo a la mitad el número de estudiantes mientras el clero se multiplicaba junto a la nobleza. Con esta poca inversión en educación, investigación y desarrollo llegó la época de la pobreza, el hambre, la picaresca y las epidemias. Se redujo drásticamente la población. Como ejemplo del paradigma de pensamiento, una junta de teólogos se reunió para examinar el proyecto de construcción de un canal entre el Manzanares y el Tajo, declarando que si Dios hubiese querido que los ríos fueran navegables los hubiera hecho así. Toda esta ruina es la que parodia Cervantes en “El Quijote” que quizás todos los españoles deberían leer.

Las colonias americanas estaban ya colonizadas dentro del proceso de expansión del capital. Europa alcanzaba al mundo entero en una colonización anteproyecto de la globalización. Una globalización en las que no hay una gran metrópoli (podría serlo Estados Unidos) de la que haya una dependencia directa en cuanto a consumo del resto del mundo pero las intrincadas dependencias económicas de los sistemas financieros hacen que todos los bancos del mundo beban de las mismas fuentes de liquidez.

Los nuevos ricos sustituyen los títulos nobiliarios por títulos de acciones en bolsa. Dando más valor al dinero que al trabajo, o a la industria. El dinero se crea y se destruye a sí mismo en un juego que no representa al comercio y a la producción.

Tal vez España no va camino de convertirse en la nueva Argentina sino de convertirse en la vieja España. Una vez más.

Anuncios