HISTORIAS DE LA TELEVISIÓN (Abril de 1981, “Aterriza como puedas”)

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HISTORIAS DE LA TELEVISIÓN

(Abril de 1981, “Aterriza como puedas”)

Para ser sincero, debo reconocer que parte de la culpa es de la televisión. Si de niño me convertí en un adicto a la pantalla grande fue, en buena medida, porque la pequeña pantalla me dió la posibilidad de recibir dosis domésticas de eso llamado “cine”. Y podía tener mi dosis casi todos los días, de todos los gustos y colores (y hasta en blanco y negro). ¡Y eso que sólo había dos cadenas!

Cómo sólo había dos, no hacía falta numerarlas. Por tanto, no eran “La 1” y “La 2”: eran la una y la otra, aunque la otra era más conocida como “la UHF”. Jamás alcancé a descifrar esas siglas, pero lo importante es que la una ni siquiera necesitaba unas siglas que la identificaran. Era, simplemente, “la tele”, porque si alguien te decía “pon la tele” estaba diciendo, por supuesto, que pusieras la primera cadena de Televisión Española. Las especificaciones sólo hacían falta para ver el otro canal: “pon la tele, pero la UHF”. Y como es lógico, ante tan escueto panorama televisivo los mandos a distancia eran, además de impensables, innecesarios.

En esas circunstancias vi, por primera vez, “Aterriza como puedas”: una de las diez películas más divertidas de la historia del cine, según el prestigioso American Film Institute. A mí también me pareció muy divertida, cuando era un chaval. Y me lo sigue pareciendo hoy en día… aunque por distintas razones que entonces.

Pero ya volveremos a eso más tarde.

El primer televisor que recuerdo era un VANGUARD en blanco y negro, con una gorda y tosca rueda en la esquina superior derecha que servía para cambiar de canal. Lo compraron mis padres para no perderse el acontecimiento televisivo del momento: el Festival de Eurovisión de 1968, en el que Massiel partía entre las favoritas con su inolvidable canción “La la la” (ciertamente, olvidarla es difícil). Podría decir que la victoria de Massiel fraguó un fuerte vínculo emocional entre mis padres y aquel televisor, y que por eso lo mantuvieron con vida durante muchos muchos años, siendo casi un miembro más de la familia… pero sería mentira. Lo mantuvieron vivo porque comprar una tele nueva costaba una pasta, y Massiel no tuvo nada que ver.

Aquel viejo televisor en blanco y negro sobrevivió renqueante hasta comienzos de los años 80, y murió siendo una reliquia arqueológica, cuando casi todos los hogares tenían ya una flamante tele en color. Y cuando uno de esos flamantes aparatos llegó por fin a mi casa, con él descubrí todo lo que se había filmado antes de “El Imperio contraataca”, en color o en blanco y negro.

Las comedias de los hermanos Marx, las aventuras de Errol Flynn o los westerns de John Wayne eran la especialidad de “Primera Sesión”, los sábados a las cuatro de la tarde, después de los dibujos animados que seguían a las noticias. Los domingos, a la misma hora, podías encontrar ciclos de cine mudo, con Buster Keaton, Harold Lloyd o Charlie Chaplin en “Sesión de tarde” (subrayo: cine mudo, y por supuesto en blanco y negro, ¡a las cuatro de la tarde!). También había ciclos entre semana, con las filmografías casi completas de Alfred Hitchcock, Cary Grant, Fritz Lang o François Truffaut. Y los taquillazos eran para “Sábado Cine”, con títulos como “Superman”, “El planeta de los simios”, “El expreso de Chicago” o incluso “My Fair Lady”. Todavía hay quien recuerda que el musical protagonizado por Audrey Hepburn se emitió en “Sábado cine” con las canciones dobladas al castellano y que, ante las quejas de los espectadores, al día siguiente volvieron a emitirlo, esta vez en “la UHF” y en versión original en inglés con subtítulos en castellano. Por desgracia, esas atenciones al espectador no iban a durar toda la vida.

Pero volvamos con el entonces modernísimo televisor que me permitió acceder a todo aquello. Era un grueso y pesado GRUNDIG de carcasa marrón, con un botón de encendido rectangular y dorado, en la esquina inferior derecha; y también a la derecha, pero arriba, dos columnas paralelas de ochobotones negros. Dieciséis botones, por tanto, para dieciséis posibles canales.

Así que nos sobraban muchos botones.

Televisor GRUNDIG SUPER COLOR C2205. El modelo con carcasa marrón era todavía más popular que éste.

Incluso cuando llegaron ETB1 y ETB2, los dos canales de la televisión autonómica del País Vasco, nos seguían sobrando botones. Lo bueno es que en Guipuzcoa, al menos en parte del territorio, podíamos dar uso a tres botones más. En el pueblo de Rentería, a siete kilómetros de San Sebastián y a unos diez de la frontera con Francia, sintonizábamos con cierta calidad de recepción las tres cadenas principales de la televisión francesa: TF1, Antenne 2 y FR3. No entendíamos ni una palabra, por mucho que estudiáramos francés en el colegio, pero todo lo que llegaba de esas cadenas nos despertaba un interés especial: los programas infantiles (“Club Dorothée”), los dibujos animados (“Edgar”, “Les chevaliers du zodiac”), las teleseries de acción… y sobre todo, las películas.

Sintonizando canales al a vieja usanza.

A la televisión francesa, los grandes estrenos llegaban mucho, mucho antes que a TVE. Y no olvidemos que, en 1981, un estreno en televisión era un estreno de verdad: desde que una película dejaba de proyectarse en los cines, no había forma humana de poder verla hasta que al fin se emitía en televisión. Por eso era todo un acontecimiento que “Sábado cine” estrenara en la pequeña pantalla “El coloso en llamas”. Pero para cuando pudimos verla en castellano, hacía ya muchos años que las cadenas francesas habían ofrecido esa misma película, con el título de “La tour infernale”. Y junto a ésa, otras muchas, todavía más recientes e impactantes que “La tour infernale”, como “La guerre des étoiles” o “Les dents de la mer”.

Es verdad que el idioma causaba muchos despistes y que debíamos estar atentos para no dejar escapar películas muy esperadas cuyos títulos en francés no nos decían nada. Así, bajo un título de documental de Jacques Cousteau como era “Les dents de la mer” se escondía, en realidad, “Tiburón”. Y algo parecido ocurría con “La guerre des étoiles”: es decir, la primera entrega de “La guerra de las galaxias”. Verla en francés no me aclaró las dudas que tenía sobre la saga galáctica, tras mi agitada y demasiado temprana experiencia con “El Imperio contraataca”. Pero, al menos, ya podía decir que la había visto.

La que se me escapó fue “Y a-t-il un pilote dans l’avion?”. No recuerdo exactamente  cuándo la emitieron, ni en cuál de los tres canales franceses, quizá porque ese título, en aquel momento, no me decía absolutamente nada. O quizá porque costaba mentalizarse de que, en la televisión francesa, las películas empezaran a las ocho y media de la tarde (al parecer, a esa hora los niños de Francia ya estaban todos cenados y en pijama, mientras los de Rentería aún estábamos jugando en la calle y sin la menor intención de volver a casa). Por una causa o por otra, el caso es que aquella película, en aquella primera oportunidad, me la perdí.

Con el paso del tiempo, descubrí que “Y a-t-il un pilote dans l’avion?” era, en realidad, la misma película de humor que quería ver desde hacía mucho, desde que ví unas pocas escenas en los programas de actualidad cinematográfica. En castellano se titulaba “Aterriza como puedas” (traducción tan disparatada como la francesa, porque su título original es “Airplane!”) y, en mi inocencia, estaba convencidísimo de que se trataba de una obra maestra del humor porque en todos los reportajes sobre este film aparecía un montón de gente dándose trompazos. La elaboradísima estrategia cómica de la cáscara de plátano funcionaba conmigo a la perfección, y en consecuencia, me moría de ganas de ver la película.

Cuando al fin la ví, la ví varias veces. Muchas, en realidad. En Televisión Española, en la GRUNDIG en color, cuando al fin la emitieron en castellano. En la reposición de algún canal francés, y luego en Tele 5, en la SANYO de elegante carcasa negra con mando a distancia que llegó después de la GRUNDIG. En VHS, en casa de un amigo, cuando la cinta de vídeo era la más exclusiva tecnología audiovisual. En DVD, en cuanto salió a la venta. Más tarde, en Blu-Ray. Y etcétera etcétera.

Y cada vez me he reído de chistes distintos.

La primera vez que la ví, con menos de diez años, las cimas del humor eran el personaje de Robert Stack haciendo kárate contra los miembros del Hare Krishna, los reporteros en estampida tumbando toda una hilera de cabinas telefónicas o los pasajeros en fila india intentando tranquilizar a bofetadas a una mujer histérica.

Antes de cumplir los trece años, y habiendo visto ya las películas de catástrofes a las que parodiaba “Aterriza como puedas”, lo que más gracia me hacía era el descontrol de la sala de control, el piloto automático hinchable o el mecánico comprobando el aceite del avión antes del despegue.

Y poco tiempo después, a punto de dejar atrás la década de los 80, descubrí toda la incorrección política que se me había pasado por alto en anteriores visionados, con docenas de chistes bárbaros que hoy podrían ser interpretados como una apología de casi todo: desde las múltiples adicciones de uno de los personajes principales, hasta el empeño del piloto en hablar con un niño de diez años sobre saunas, cárceles turcas, hombres cubiertos de aceite y películas de gladiadores.

Nunca la vi en un cine pero, a su modo, acabó marcando toda la década de los 80. En distintos televisores, distintos idiomas, años y formatos, y con una carcajada distinta cada vez, pero “Aterriza como puedas” siempre me hace reír. Habría sido igual de graciosa incluso en aquel primitivo VANGUARD en blanco y negro, el que fue testigo de la hazaña de Massiel.

Claro que, cuando aquel televisor aún vivía, y estando yo en mis más tierna infancia, no habría entendido el salvaje humor de frases… como éstas.

Título original: “AIRPLANE!”

Directores: Jim Abrahams, David Zucker & Jerry Zucker

Guión: Jim Abrahams, David Zucker & Jerry Zucker, inspirados en los guiones de “Flight into Danger”, de Arthur Hailey, y “Suspense… hora cero”, de Arthur Hailey, Hall Bartlett y John C. Champion.

Intérpretes: Robert Hays, Julie Hagerty, Lloyd Bridges, Robert Stack, Peter Graves, Leslie Nielsen, Kareem Abdul-Jabbar, Lorna Patterson, Stephen Stucker, Kitten Natividad.

Estreno en Estados Unidos: 2 de julio de 1980

Estreno en España: comienzos de 1981

Número de espectadores en España: 2.638.189

 CURIOSIDADES:

 –          Los directores y guionistas del film, Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker, eran conocidos como “Trío ZAZ” (Zucker & Abrahams & Zucker) y rodaron “Aterriza como puedas” parodiando directamente una película de 1957 titulada “Suspense… hora cero”. El argumento era casi el mismo en los dos films: una intoxicación deja sin piloto a un avión de pasajeros. Hasta los diálogos eran idénticos en las dos películas, palabra por palabra, en muchas escenas. La diferencia entre ambos films es que esos diálogos, pretendidamente dramáticos en “Suspense… hora cero”, sonaban ridículos y paródicos en “Aterriza como puedas”, con sólo sacarlos de contexto.

– La semana que viene, MÁS CURIOSIDADES SOBRE “ATERRIZA COMO PUEDAS”.

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Capítulo 1: Toma 1: Septiembre de 1980, El Imperio Contraataca

Capítulo 3: Cines de barrio: Febrero de 1982 En busca del arca perdida

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