“Las siguientes imágenes podrían herir su sensibilidad”

Ayer leí una larga entrevista a Enrique Meneses en la que se hablaba, entre otras cosas, de la importancia de la imagen y la necesidad de mostrar lo que sucede sin medias tintas, sin photshops ni nada que modifique lo que hay. Decía lo siguiente:

“Mi filosofía es bastante sencilla aunque un poco burra; he protestado toda mi vida cuando sale el locutor en televisión diciendo “les advertimos que hemos omitido imágenes por su dureza”. O sea, hay un señor que se está jugando la vida en Bagdad o en Afganistán para hacer esas fotografías y llegan los colegas y se las escamotean. ¿Es que no se pueden enseñar las cosas como son?”

Estoy de acuerdo con él. Creo que si hay imagenes duras hay que mostrarlas, hay que llegar al tipo pasivo que está delante del televisor y hacerle pensar cómo somos capaces de dejar que eso ocurra. Y no, no hablo de duras imágenes para generar morbo. Una imagen impactante no tiene por qué ser morbosa; hay veces en las que un edificio en ruinas o el retrato de una persona impacta más que unas vísceras colgando.

(foto: Miguel Ángel Viñas)

Por la noche Informe Semanal emitía un reportaje sobre Sarajevo en el 20 aniversario del inicio de la guerra. Una guerra que para los de mi generación es casi historia ya que no teníamos más de 5 o 6 años cuando empezó. Una guerra que recordamos porque cuando nuestros padres nos ayudaban a aprender el mapa de Europa no conocían la mitad de los países y decían “todo esto en mis tiempos era Yugoslavia“.

(foto: Gervasio Sánchez. Biblioteca destrozada por una bomba incendiria, Sarajevo, 1993)

La presentadora advertía de la dureza de algunas imágenes y a mi me venian a la cabeza las palabras de Meneses y me acordaba de los relatos de Ramon Lobo o Gervasio Sánchez que entre otros, estuvieron allí para contarnos lo que pasaba. Por suerte, y aunque imagino que los encargados del reportaje habrán quitado ciertas imágenes, el reportaje te golpea duro nada más empezar. Sin compasión, para el que está cenando frente al televisor tenga que parar un momento. En solo 30 segundos te revuelve el estomago. Allí se vivió un horror y ese horror hay que transmitirlo.

Hoy en día, lo que no se ve no existe y sin imagen las noticias (igual que casi siempre con las buenas noticias) dejan de ser noticia. Si nadie cuenta lo que se vive en estos casos tal cual, sin miramientos, ¿cómo vamos a hacer que reaccionemos? ¿para qué van entonces los periodistas? ¿para contarnos lo duro que es ser corresponsal? No. Para que sepamos y veamos que aquello es un infierno y que existe de verdad.

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