CINES DE BARRIO (Febrero de 1982, “En busca del arca perdida”)

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CINES DE BARRIO

(Febrero de 1982, “En busca del arca perdida”)

El 12 de junio de 1981 se estrenaba en Estados Unidos “En busca del arca perdida”. En ese momento yo tenía seis años y aún no era muy consciente de quiénes eran Steven Spielberg y George Lucas. Y desde luego, no sabía muy bien en qué consistía el trabajo de un director y menos aún el de un productor (lo que todavía no sé, y sospecho que no sabré jamás, es qué demonios hace un productor ejecutivo). Pero sí sabía una cosa: sabía que el eslogan publicitario de “En busca del arca perdida” prometía la mayor montaña rusa de emociones que nadie pudiera imaginar.

“De los creadores de “Tiburón” y “La guerra de las galaxias”, decía aquel eslogan. Y eso era mucho decir. Incluso si sólo habías podido ver esas películas en francés, sabías que sus creadores eran auténticos Dioses… así que uno estaba dispuesto a esperar su nuevo advenimiento. Pero los Dioses se hicieron de rogar, porque “En busca del arca perdida” se estrenó en España el día de San Valentín de 1982, de modo que Lucas y Spielberg tardaron nada menos que ocho meses en llegar a nuestros cines.

En el siglo XXI, casi todos los grandes estrenos llegan simultáneamente a casi todos los países del mundo, para evitar el pirateo. Las grandes productoras no quieren que los ciudadanos de Brisbane, Australia, puedan ver gratis en sus ordenadores una película que se haya estrenado antes en Estados Unidos y que alguien de Chillicothe, Missouri, haya grabado en un cine y colgado en Internet. La forma más sencilla de evitar que ocurra eso es estrenar la película exactamente el mismo día en Chillicothe, en Brisbane, en Nueva York o en Moscú. O en Bilbao.

Pero no ocurría lo mismo a comienzos de los años 80. El público de las grandes capitales de España tuvo que esperar casi el tiempo de un embarazo a que “En busca del arca perdida” diese a luz en sus pantallas. Y algunos tuvimos que esperar todavía más. Mucho más.

Porque la vimos en el cine de nuestro barrio.

Cine On Bide de Errenteria, o lo que queda de él (debajo de las excavadoras)

En 1982 había tres cines en Rentería: el Cine Alameda, el Cine Reina y el primer Cine On Bide. Y se podía averiguar fácilmente la salud financiera de cada cine observando el tipo de películas que anunciaban.

El Cine Alameda tenía, como casi todos los demás, un amplio escaparate con un gran panel de corcho sobre un trípode, y en ese panel se exhibían, clavadas con chinchetas, las fotos de los momentos más espectaculares de la película en cartel. Pero mientras algunos esperábamos ansiosos ver fotos de “En busca del arca perdida” (porque eso significaba su estreno inminente), el panel de corcho del Cine Alameda mostraba fotos de monjas semidesnudas acariciándose unas a otras, con pequeños asteriscos negros sobreimpresos tapando sus pezones, y rectángulos, negros también aunque un poco más grandes, para tapar su vello púbico. Eran fotos de “Interior de un convento”, un clásico del cine erótico de los años 70. Diagnóstico: el Cine Alameda estaba herido de muerte.

En el Cine On Bide, si la memoria no me falla, proyectaban una retrospectiva de los hermanos Marx. Boqueaba intentando sobrevivir con dignidad, manteniendo la cabeza fuera del agua, pero estaba claro que ese cine iba a ahogarse tarde o temprano (por supuesto, se ahogó poco después… y lo resucitaron a mediados de los años 90, pero sólo pudo nadar unas pocas brazadas, para ahogarse definitivamente)

El Cine Reina nadaba mejor. A contracorriente, pero resistía con cierta elegancia. Cada viernes proyectaba un nuevo film, ya quemado en las pantallas de la capital, pero virtualmente nuevo para los espectadores del pueblo. De vez en cuando se reestrenaba algún clásico, y había sesiones infantiles con películas como “El corsario negro”, una adaptación al cine de la novela de Emilio Salgari protagonizada por Kabir Bedi, el famoso “Sandokan” de la serie de televisión.

Pero de Indiana Jones, ni rastro. Al menos, por el momento.

El Cine Reina, como otros muchos cines de pueblo, vivió su máximo esplendor en los años 60, cuando la necesidad de mano de obra en Euskadi provocó una auténtica explosión demográfica debida a la inmigración. Rentería, en particular, pasó de tener 18.000 habitantes en 1960 a más de 34.000 en 1970. Y había que ofrecer entretenimiento a todos esos habitantes, así que el pequeño pueblo acabó teniendo cuatro salas de baile, dos frontones, dos campos de deporte… y tres cines.

Pero veinte años más tarde, el Alameda y el On Bide languidecían, y sólo el Reina conservaba aún el oropel mortecino de tiempos mejores. Tenía un amplio vestíbulo, decorado con carteles de éxitos pasados, y tres puertas dobles daban paso a un patio de butacas realmente amplio. En mi memoría cabían unos 500 espectadores, a los que había que sumar los del anfiteatro, quizá 50 o 100 más.

¿O quizá eran menos, y la nostalgia lo embellece? Quizá incluso los éxitos pasados tampoco fueron tales, porque uno de los carteles del vestíbulo era el de “Hércules”, una película de serie B con un reparto encabezado por Lou Ferrigno (el hombre que se pintó de verde para encarnar al increíble Hulk en la teleserie “La Masa”). Si ésos eran los éxitos que recordaba con orgullo el Cine Reina, entonces es que tenía poco de lo que enorgullecerse. Quizá este cine nunca fue mucho más que un cine de pueblo, de barrio, del que guardo un recuerdo más grande sólo porque yo era más pequeño.

Pero era nuestro cine. Y para un niño de seis años, hasta el “Hércules” de Lou Ferrigno tenía pinta de ser una colosal superproducción, una grandiosa aventura… con la que hacer tiempo, eso sí, hasta que llegase al fin el héroe del sombrero que nos querían presentar Lucas y Spielberg.

Sin embargo, el héroe no llegaba.

De vez en cuando le preguntaba a un compañero de clase, Igor, qué película iban a proyectar ese fin de semana en el Cine Reina. Igor tenía que saberlo mejor que nadie, porque su padre trabajaba en ese cine como acomodador. Y era sin duda el niño al que yo más envidiaba ¡porque podía entrar gratis al cine cuantas veces quisiera!

No obstante, tampoco él tenía noticias de Indiana. Y no parecía preocuparle en absoluto: de hecho, las películas del cine de su padre le interesaban menos que arrancarse los padrastros pinchándolos con la aguja del compás (verídico: a menudo me he preguntado si “Hellraiser” era su película favorita). Posiblemente, el hecho de tener acceso ilimitado al cine hizo que la magia de las películas se desvaneciese muy pronto para él. Por esa razón, o por la que fuese, a Igor le traía totalmente sin cuidado que Lucas, Spielberg y el doctor Jones no terminasen de llegar al cine Reina de Rentería.

Pasaron los años. Pasó el 82, pasó el 83. Pasó tanto tiempo que llegó 1984, y mientras “En busca del arca perdida” seguía sin exhibirse en el cine del pueblo, su segunda parte, “Indiana Jones y el templo maldito”, ya estaba en los cines de la capital. Llegó a San Sebastián el 5 de octubre de 1984, cinco meses después de su estreno en Estados Unidos, así que algunas cosas estaban cambiando: había tardado en llegar tres meses menos que la primera aventura de Indiana Jones.

Pero otras cosas no cambiaban en absoluto. Una vez más, yo me adentraba en una saga de éxito empezando por la segunda película, y no por la primera. Y una vez más, la veía con mi hermano mayor en el cine Astoria de San Sebastián (aunque esta vez sin levantarme de la butaca, sin agobiar a mi sacrificado hermano y sin hacerle desear que me encandenaran en casa para no tener que llevarme al cine nunca más). Y la disfruté, claro, y me temblaba el corazón con la persecución en las minas, y se me subía hasta la boca con la escena del puente, y se me salía del pecho cuando el malvado Mola Ram acercaba su mano al pecho de Kate Capshaw.

Pero no entendí el chiste de la pistola. Justo antes de llegar al puente colgante, Indiana se topa en el camino con dos esbirros del villano, blandiendo sus espadas. El héroe, sonriente y confiado, se lleva la mano a la funda de su pistola… y descubre, con cara de circunstancias, que su arma de fuego ha desaparecido. Y en ese instante, carcajada general en el cine. El héroe, mientras tanto, hace frente a las espadas de sus enemigos con la fuerza de sus puños desnudos. Y todavía se escuchan en el cine algunas risas ahogadas. ¿De qué se reía todo el mundo? No comprendí el chiste.

Logré comprenderlo al fin en 1988. Ese año, después de una larga espera, “En busca del arca perdida” llegó finalmente al Cine Reina. Y por supuesto, no me la perdí. Me estremecí con la carrera ante la bola de piedra, me estremecí aún más cuando Indiana cuelga del parachoques delantero de un camión, antes de sujetarse a su látigo para ser arrastrado entre las ruedas, y me estremecí tanto cuando surgen los espíritus del Arca que me tapé la cara. Y canturreé la marcha de Indiana Jones cada vez que sonaba en la película… aunque me costaba tararearla en casa, porque siempre la confundía con los temas principales de “La guerra de las galaxias” y de “Supermán”, todos ellos de John Williams (un genio, el señor Williams, pero un poco perezoso).

Y comprendí el chiste de la pistola de “Indiana Jones y el templo maldito”.

 

Lo que no comprendí entonces, y ahora veo con claridad, es que proyectar “En busca del arca perdida” siete años después de su estreno oficial en cines era una muy mala señal de la salud del Cine Reina. Una señal que lo emparentaba con los otros cines de Rentería y que avanzaba lo que acabaría ocurriendo, poco después. Antes, incluso, de “Indiana Jones y la última cruzada”. Pero después de “Jungla de cristal”… como veremos más tarde.

Seguramente el Cine Reina hizo todo lo que pudo para resistir lo que le venía encima. O quién sabe: quizá no. Quiza en ese cine no planificaron bien sus estrategias comerciales. Quizá los jefes del padre de Igor usaron la misma táctica que explicó Indiana Jones, ajusto antes de hacerse con el camión que transportaba el Arca de la Alianza: “improviso sobre la marcha”.

Título original: “RAIDERS OF THE LOST ARK”

Director: Steven Spielberg.

Guión: Lawrence Kasdan, George Lucas y Philip Kaufman.

Intérpretes: Harrison Ford, Karen Allen, John Rhys-Davies, Paul Freeman, Ronald Lacey, Denholm Elliot, Alfred Molina, Wolf Kahler, Pat Roach.

Estreno en Estados Unidos: 12 de junio de 1981

Estreno en España: 14 de febrero de 1982

Número de espectadores en España: 4.151.012

 –          El personaje principal de “En busca del arca perdida” iba a llamarse “Indiana Smith”, pero cambiaron su nombre por el de “Indiana Jones” en el último minuto. Y se llama “Indiana” porque ése era el nombre del perro de George Lucas: un enorme can de la raza “Malamut” cuyo peludo aspecto ya sirvió de inspiración al personaje de Chewbacca en “La guerra de las galaxias”. En la propia saga de Indiana Jones hay una referencia al curioso origen de su nombre cuando, en la última escena de “Indiana Jones y la última cruzada”, Sean Connery explica que “Indiana” era el nombre del perro de su hijo, Henry Jones Junior, también conocido como “Indiana” Jones.

La semana que viene, MÁS CURIOSIDADES SOBRE “EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA”

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Capítulo 1: Toma 1: Septiembre de 1980, El Imperio Contraataca

Capítulo 2: Historias de la televisión: Aterriza como puedas

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