El aniversario del #15M

Lunes 14: Ya han pasado dos días desde la manifestación del #12M y estamos en la víspera del #15M. Es hora de hablar de lo que estamos viviendo, en el caso de los Cuerdos, desde Madrid. La incertidumbre con la que llegamos, nosotros y todo l #15M a la Puerta del Sol es lo más destacable también después: Sigue la incertidumbre. Tal vez por esa misma razón me ha costado empezar a escribir, y seguro que es por lo que lo voy a hacer fiskeando un artículo. En un principio había pensado en hacerlo sobre este de Juanlu Sanchez en Foreign Policy: “El Vertigo del 15M” pero al final me he decidido por este que firma Jorge Galindo en Politikon: “Objetivo: Acampar en Sol”

Ya dije hace meses que me parece que el 15M no existe. Lo que sí existe es, por un lado, una buena cantidad de españoles muy cabreados con la situación económica actual, así como con las medidas que se toman y dejan de tomar para solucionar nuestros problemas; y, por otro, una marca que entre los medios y algunos activistas se han sacado de la manga y que es empleada por cada uno como mejor convenga. La afirmación era y es una provocación, claro: existe un movimiento de protesta, eso sin duda. Lo que está por ver es si existe un 15M, y para quién y para qué existe.

Desde luego, cualquier analista puede ver que la gente tiene razones para estar enfadada, salir a la calle y protestar bien alto. Nuestros niveles de paro son absurdos, y creciendo. La gestión que los distintos Gobiernos (nacionales, autonómicos) han hecho y están haciendo de la situación deja mucho que desear. Así que las manifestaciones están más que justificadas. A estas manifestaciones y protestas continuadas no se les puede pedir un programa político concreto con medidas específicas y delimitadas como si de un partido o sindicato se tratase. Basta con que salgan y digan “esto no nos gusta, hacedlo mejor”. Y, como mucho “hacedlo mejor y más hacia la izquierda” o “hacedlo mejor y más hacia la derecha” (sería bonito que hubiese gente protestando por una política bisexual, pero me parece soñar despierto).

Hasta aquí estoy totalmente de acuerdo y hay que reconocer que una de los pocos éxitos de “las protestas que surgieron a partir del quince de Mayo del 2011” es haber puesto nombre a las mismas como 15M, y que bajo esta marca se hayan aglutinado un bue puñado de diversos agentes, asociaciones y movimientos sociales, que o bien ya existían, o han surgido con posterioridad, a veces, de la propias asambleas que generó el movimento.

Bien. Hechas todas las aclaraciones preliminares pertinentes, he de decir que lo que está pasando este fin de semana me parece una derrota de las protestas y un triunfo del Gobierno. Y todo gira en torno a la idea del 15M.

Me explico. Cualquier protesta suele tener una doble dimensión: por un lado, los objetivos relacionados con aquello que se quiere conseguir, en este caso un cambio de política (económica, quiero pensar). Por otro, la posible existencia y definición de un movimiento consolidado (un 15M), con objetivos de supervivencia y consolidación, identificación mutua, etcétera. Esta segunda dimensión está muy relacionada con la existencia de enemigos y situaciones adversas que pueden cohesionar a un hipotético movimiento hasta llegar a un cierto nivel organizacional. Sin embargo, la cohesión puede tener costes: el primero es perder en ‘afiliación’ y ganar en riesgo de radicalización. El segundo es primar los objetivos de autoafirmación y supervivencia del movimiento por encima de las protestas de política en la agenda del movimiento. El riesgo de incurrir en estos costes es mayor cuando no existe una cierta organización o conjunto de organizaciones que tengan en cuenta los objetivos primarios.

A mí también me ha preocupado esto desde los primeros días, desde aquellos de losque hace casi un año, cuando tuiteábamos por el consenso de mínimos. Sin embargo, hay que reconocer que el movimiento salió adelante y que algunas de sus ideas han funcionado, los STOP Desahucios, las quejas contra los CIES, las asciaciones de consumo… Aunque no sean las más importantes, como luego explicaré.

El Gobierno intuye esto, por descontado. Por tanto, colocar un toque de queda relativamente absurdo (las diez de un sábado noche es hora punta en la capital de España) que sabes que no se va a cumplir, ofrecer así una victoria aparente a quienes allí están, y esperar a la madrugada para hacer lo que sabes que solo podías hacer de madrugada: desalojar. Sabiendo que la reacción inmediata va a ser querer volver, convirtiendo todo en un pulso. Y hacerlo las veces que haga falta. El objetivo de las protestas se convierte en mantener la presencia en el símbolo que es Sol. El debate sobre política económica, que estaba ganando fuerza en las últimas semanas (austeridad sí o no; solo austeridad o austeridad y algo más; lo que nos viene desde Francia y Hollande, etc), queda desdibujado en relación con… el 15M.

Es la economía, estúpidos. La famosa frase de Clinton se puede aplicar tanto a muchos políticos como a muchos indignados. Pero la economía es complicada, y entre los ciudadanos cabreados hay mucha gente que quiere hacer algo, que quiere sentirse útil pero que sabe que la economía le queda grande, más que el reiki y la homeopatia, o que mantener en pie las lonas de la acampadacon sus conocimientos de carpintería o gestionar la comida y cocinarla. ¿Cómo darles cobertura social?

El asunto es que tal y como se están configurando estas (no todas) protestas en España (explosiones relativamente espontáneas sin organización real en torno a unos cuantos símbolos y muy enfocadas hacia la clase política), parece imposible evitar que esta sea la dinámica. Así, nada saldrá de estas protestas en términos de condicionar la agenda de ninguno de los principales partidos y sindicatos. Igual que apenas nada salió (más allá de unos pocos gestos que poco a poco se fueron esfumando), ahora que podemos mirarlo en perspectiva, de mayo de 2011.

Prácticamente nada se ha cambiado en economía y lo que ha cambiado ha venido dado no por las protestas en las calles sino por las circunstancias internacionales, o por las injerencias de Bruselas o los mercados, por generalizar. Al gobierno de turno le asustan más los agentes financieros que los ciudadanos.Si además, la única posible consecuencia de un gran enfado ciudadano es una alternancia de uno y otro partido político en lo que alguno podría considerar no sé si una bisexualidad pero si cierto hermafroditismo, el miedo es mínimo ya que el actual sistema político no corre peligro. Su clase y su sustento está a salvo, y los mercados no lo cuestionan, ya que les resulta útil.

A quien no resulta útil es a los ciudadanos.

 Después de dos jornadas de “celebración” por Madrid, algo me sigue sorprendiendo: aunque menos, los indignados españoles siguen sonriendo y ese fantasma dela violencia que se cernía sobre las movilizaciones antes del día 12 parece que no va a materializarse, ni tan siquiera con los pulsos de la Delegación de Gobierno en Madrid. Y la acampada, como objetivo, parece lejos de los ánimos de los asamblearios.

Entre esas ideas que, como dice Jorge Galindo, se le piden el 15M (injustamente, puesto que el pueblo está para exigir, no para legislar), parece que las referidas al consumo son las que más fuerza ganan. Las huelgas de consumo, los bancos de tiempo, las cestas comunes, los economatos, el consumo responsable, parece que la gente está concienciada sobre que los huevos del sistema son el consumo, y quieren apretarlo.

Es bueno, vaya la crisis a más o a menos.

Sin embargo el gran problema, lo realmente blindado, parece el sistema político. En un año, políticos chorizos se han librado de la carcel, toda la poblacion sabe que han malgastado y defraudado y aún así, la ley electoral se ha cambiado para blindar aún más el bipartidismo, pese a que la concencia general es que tanto unos como otros han demostrado ser unos ladrones y lo que es aún peor: unos ineptos.

Es en este punto donde las reivindicaciones deben centrarse, ¿Cómo?. Parece que la Ley Electoral es intocable, ¿Pidiendo el voto para algún minoritario?¿Constituyéndose en partido político?¿Yendo además en coalición con algunos minoritarios?

¿Cuánta población votaría a un partido salido de un movimiento con indices de popularidad mayores que los de cualquier lider político nunca en España y con ya una red social tejida en cientos de asociaciones ciudadanas?

FOTOS | Todas las fotos de esta entrada pertenecen al #12M en La Coruña, tomadas por la fotógrafa Cris Andina

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