Comunidades

Últimamente me he visto envuelta en numerosas conversaciones sobre comunidades, bien por personas que buscan crear comunidades o yo como parte de ellas. En este punto en el que me pregunto a qué se debe este aumento de necesidad de pertenecer a un grupo, en el que el término equipo gana fuerza sobre la individualidad no puedo dejar de recordar a Bauman.

Ya sentenció él en su día la insalvable dualidad entre la pertenencia a una comunidad y la falta de independencia como ser humano. Como las reglas del grupo prevalecen sobre las propias y la fidelidad ante ella es la base de las relaciones humanas que se establecen. Sin embargo, me llama la atención como en esta época de crisis apelamos al sentimiento comunitario en busca de seguridad y firmeza de nuestra existencia.

Foto observando

Bien son las personas que buscan unirse a personas o bien las propias marcas que quieren un número de seguidores, con esto de la moda de las redes sociales, para que les sigan y tener apoyo en épocas de austeridad. Lo que todavía no se han dado cuenta estas últimas es la ley de la base de las redes sociales es el contacto de igual a igual, y cuando esto no se cumple crea recelo en uno de los interlocutores. Por ello, creo que se deben replantear la estrategia de su presencia en las redes.

Bauman mostraba como la ruptura de comunidades naturales en pos del triunfo del sistema capitalista en la industrialización hizo que se se rompieran las leyes naturales creadas en las comunidades rurales y con ello la nueva era del trabajo en la industria. La eliminación de esas leyes era esencial para que el nuevo sistema funcionara, ya no se trabajaba para uno mismo, ya no se tejían hábitos entre vecinos para sacar el trabajo adelante. En aquellos comienzos de la industrialización los futuros hombres de negocios, sin más límite que el cielo para crecer, necesitaban nuevas normas sociales, individualizadas y creadas entorno a la empresa.

Así, durante los años de bonanza económica poco o nada nos hemos acordado de la necesidad de pertenencia que tiene el ser humano. Los bienes materiales han hecho creer que podíamos ir solos por el mundo sin necesidad de trabajar los vínculos relacionales con otras personas. Y ahora, cuando la falta de sustento económico y base de valores acecha en cada esquina buscamos ciegamente el calor humano que nos recuerde que no somos tan diferentes unos de otros, y que necesitamos la pertenencia a algo.

Muchos se preguntan cómo se crean las comunidades, cómo crear ese germen que invada y que se expanda para sentar las bases del hogar de la comunidad. Es evidente que es necesario aprender a gestionarse a uno mismo para gestionar a comunidades, pero ¿Cómo se gestiona uno mismo? Ahí viene la clave. En un entorno cambiante, de días oscuros y menos oscuros ¿Cómo se aprende a no salirse de la línea y seguir cuerdo(deatar)? Quien tenga la clave, que vierta luz sobre las sombras, por favor.

Finalmente, con toda esta nueva ola de comunidades en auge, espero que cuando vuelvan los buenos años (porque volverán, tarde o temprano) hayamos aprendido un poco más del pasado, de la necesidad de tejer redes y enriquecer los grupos que tanta falta nos hacen.

Gozaremos de escasa independencia sin ellos, pero ¿Quién dijo que el ser humano es capaz de vivir libre?

Anuncios