Dar la cara

No sé si Alena y Flavia se conocen, creo que no. Y eso que ambas viven en Barcelona, aunque ninguna nació allí. Ni tan siquiera en España. Las dos han sido traductoras y son escritoras, Alena aficionada y con ganas de ser una profesional y Flavia reconocida, publicada y traducida a varias lenguas, practicamente una maestra. Ambas tienen un blog: Alena uno muy famoso, Intersexciones, muy visitado y muy trabajado y Flavia uno más personal que complementa su trabajo como escritora.

Flavia llegó a Cataluña en 1973, con diez años, arrastrada por su familia debido a la difícil situación social en Argentina. Según cuenta en alguna entrevista el traslado y el desarraigo representaron una dura tarea de adaptación y aprendizaje. Una experiencia dolorosa aunque probablemente enriquecedora. Que su lengua materna fuera el español debería haber falcilitado su integración pero no fue así, lo impidió su marcado acento argentino. España no era un país acostumbrado a recibir inmigrantes.

En una cafetería de San Pere Mes Alt, cerca de la galería dónde estaban expuestas sus fotos, Alena me contaba que llegó procedente de Bielorrusia en 2001 al aeropuerto de El Prat con 19 años, dispuesta a descubrir un mundo nuevo – porque las terminales de los aeropuertos son las fronteras del mundo – con unos cientos de dólares y una maleta llena de ropa. España era un país más que acostumbrado a recibir inmigrantes y Alena acabó viviendo en un piso de Barcelona junto a siete marroquíes. Ella lo cuenta mucho mejor en su blog.

En el instituto, Flavia tenía la impresión de que nadie la entendía y que tanto sus compañeros como sus profesores se reían de ella. Harta de esto decidió adoptar el acento castellano para su vida social pese a que con su familia seguía hablando con acento argentino. Aún así, eran frecuentes las dudas sobre las variantes que debía utilizar en cada situación, y es que un idioma es en gran medida sus expresiones, refranes y sus frases hechas. Luego llegó la pasión por la lectura y con ella, las ganas de escribir.

Por su parte, Alena hablaba un castellano de escuela, aprendido en la universidad,  pero leía mucho y se empeñaba en perfeccionar su español. Confesaba a sus amigas que su sueño era escribir y que necesitaba más vocabulario. Apuntaba todas las expresiones que desconocía en un cuaderno al que acudía una y otra vez.

No sé si en ese cuaderno figuraban los nombres de la figuras retóricas. A Flavia, palabras como batología, parataxis, paralipsis o hiperbatón le suenan a enfermedades, o mejor dicho, a trastornos. De ahí que decidiera publicar a finales de 2011 Trastornos Literarios, consecuencia de una primera parte compuesta por 44 microrrelatos en los que hace un juego de cada figura retórica. Dos partes más acompañan a sus trastornos: “La vida en prosa” consta de 59 micros que dan la vuelta a titulares de prensa y “Frases (muy) hechas” en la que 32 relatos breves surgen a partir de tomar una expresión popular de forma literal.

Aunque estemos acostumbrados a que los escritores actuales desvelen en sus obras sus métodos de composición (hace muy poco mencionábamos a Amy Hempel), Trastornos Literarios es un auténtico manual de escritura realizado con soltura, ironía, humor y mucha maestría.

Por su parte, Alena es ahora una artista conceptual. No estoy seguro de qué significa “artista conceptual”, pero así debe ser cuando su obra artística se llama #ElConcepto, una serie de fotografías en las que muñecas y objetos cotidianos interpretan expresiones españolas al pie de la letra.

A mí me gusta pensar que la llegada a un país del que no conocían los entresijos de su lengua combinado con el gusto por la palabra y el afán por dominarla ha tenido mucho que ver en la construcción de sus proyectos. No voy a decir que la casualidad de estos dos hallazgos es algo trascendental, no quiero saber qué pasaría si un día, paseando por Barcelona, Flavia se topa con una exposición de #ElConcepto y entra a echarle un ojo o si Alena, rebuscando entre las estanterías de alguna librería acaba con Trastornos Literarios en sus manos. No voy a recrearme en ese azar porque esto es la entrada de un blog y no una novela de Paul Auster (aunque a buen seguro, si el que es el U2 de la literatura leyera esta entrada, podría hacer de esta casualidad el hilo argumental de su próxima novela y de Alena y Flavia sus protagonistas)

En resumen: Flavia y Alena huyen de los tópicos, le dan una vuelta de tuerca a las expresiones cotidianas y a las frases hechas, van un poco más allá, literalmente, no se arrugan, dan la cara:

“Dar la Cara” por Alena Kh. #ElConcepto © Alena Kh. Todos los derechos reservados

DAR LA CARA

Adelaida nació en el seno de una familia muy adinerada y ejerció de hija única durante toda la vida, incluso cuando los padres hubieron muerto. Era un ser egoísta, excéntrico, arbitrario y déspota que consideraba los sentimientos algo de mal gusto. Tenía que ser siempre el centro de atención. Se mostraba impasible ante cualquier acontecimiento. No tenía hijos, no tenía pareja, no tenía a nadie. Sólo joyas; las lucía con orgullo en todas las fiestas. Sobre todo aquel collar de esmeraldas cuyo desorbitado precio había podido pagar gracias a la venta de una casa colonial que perteneció a los abuelos.

Dicho esto se comprenderá enseguida la conclusión a la que llegó todo el mundo después de ver lo que Adelaida hacía en la fiesta benéfica organizada con fines caritativos en su localidad natal. Aunque sus donativos eran siempre mezquinos, Adelaida ocupaba igualmente un lugar de preferencia en aquellas reuniones. Estaba a la vista de todo el mundo, en la mesa principal. Por consiguiente, aquel día todos vieron y observaron al muchacho de ojos negros cuando se le acercó con la bandeja en donde los comensales debían depositar su dádiva y asistieron pasmados al gesto natural con el que Adelaida se desabrochó el collar de esmeraldas y lo dejó con ruido cristalino sobre la superficie metálica y reluciente. “Ha dado la cara, la joya más cara”, decía todo el mundo en un susurro que acabó siendo unánime.

No tardó en correr de boca en boca la creencia generalizada de que la cara era, sin duda alguna, una magistral falsificación sin valor alguno, aunque algunos sostenían que la proxmidad del muchacho de ojos negros había trastornado a Adelaida de tal modo que, por una vez, se había olvidado de sí misma. De ahí.

Flavia Company (Trastornos Literarios, 2011 Páginas de Espuma)

NOTA: Muchísimas gracias a Alena Kh. y a Flavia Company por dejarnos utilizar sus creaciones en este blog.

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