Arden

El verano empieza a arder en Junio, en las hogueras de la noche de San Juan. Y ultimamente uno ya no sabe si el rito pagano de purificar en lso rescoldos del fuego las desgracias de todo el invierno sirve realmente para eso o para llamar a más desastres.

Arden las pieles de los estudiantes que han acabado el bachillerato, tendidos en las playas al sol con la esperanza de que en septiembre puedan abandonar la arena para recorrer los pasillos de una universidad que temen que sus padres no puedan pagar.

Aún no ha acabado Julio y los montes españoles arden pasto de las llamas, de los recortes en prevención contra incendios y de la importencia. Mientras tando los bomberos arden de ira en las plazas de las ciudades gritando por una profesión que ni en las horas de la máxima destrucción es lo suficientemente valorada.

Arden las aceras, los asfaltos, las baldosas, los bancos de los parques y hasta los parquets de las bolsas y de los mercados secundarios. La prima de riesgo incendia la economía y en los televisores, una presentadora con el panel de la prima de riesgo y el bono a diez años a su espalda, ha sustiruido al hombre del tiempo y cada día nos da el parte de lo altas que están las temperaturas mundiales, de las presiones y las tormentas financieras y la inestabilidad de los mercados. Casi siempre nos dice que nos pongamos a cubierto.

Nuevos clásicos del verano son las nalgas y las costillas de los manifestantes indignados palpitando febriles de dolor por las marcas de las porras de aquellos policías al los que calentaron quitándoles parte de su sueldo. Y sigue ardiendo Siria, y sigue quemándose Libia.  Arden los ánimos de las personas, las de los quemados y las de los incendiarios que no comprenden que con el fuego no se juega.

Arde la memoria de los familiares y los supervivientes de la matanza de Utoya, pero su dolor no impide que un estudiante americano entre en un cine y celebre su memoria, su brillante expediente acedémico y su poder adquisitivo de armas con unas ráfagas sobre los espectadores de una de Batman. Nadie puede resistirse a un villano atractivo

Los máximos dirigentes del mundo no se toman vacaciones, siguen realizando sus operaciones financieras al calor de la especulación. Y los gobernantes de los países y las uniones continentales no tienen más remedio que interrumpir las suyas para, sofocados, hacer lo que cualquier persona haría con sus ropas viejas del invierno al llegar el verano: recortarlas. Por desgracia, las catástrofes de todo el año no se toman vacaciones en verano.

El mundo avanza tan rápido hacia el fuego que parece que apenas se mueve.

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