El pie de Saramago

Era 2002, el siglo XXI apenas acababa de comenzar después de los atentados de Nueva York. Al Qaeda parecía una amenaza que se cernía sobre el mundo con capacidad para llevarlo a su fin. Sin embargo a algunos les preocupaba otra amenaza: la globalización. Sí, esa globalización cuyas consecuencias sufrimos ahora más que nadie. Intelectuales utópicos como Eduardo Galeano, Federico Mayor Zaragoza, Javier Sampedro, Susan George, Naomi Klein o Jan Ziegler (curiosamente muy citados ahora), se recorrían los foros sociales predicando en el desierto sobre la ilógica de la globalización.

Entre ellos estaba también José Saramago. Fue este último en el que en el Foro de Nuevas Tecnologías y Empleo celebrado en Granada en 2002 cedía un cuento inacabado para que lo terminaran los Internautas de todo el mundo. El cuento se titulaba “Un Azul Para Marte” y resultaba ser una especie de inicio de Crónicas Marcianas, en las que ya curiosamente se ponían en valor la Sanidad, la Educación y la Cultura. José Saramago predicaba incluso en desiertos de lejanos planetas.

Yo me animé a escribir un final. No gané el concurso (si es que había un concurso, que no lo recuerdo) y tampoco recuerdo cuál fue el mejor final aunque por la red se pueden encontrar un montón de azules para Marte.

La historia se quedó en mi ordenador para siempre. Y siempre me ha fascinado aunque no he sabido nunca cómo recuperarla. Lo intenté varias veces, cambiando por completo el relato. Anidándolo en otro relato, en el que un personaje parecido a José Saramago lo contaba. Pero nada me funcionaba.

Al releerlo, siempre me parecía que era demasiado infantil, algo lógico al tratarse de una fábula Supongo que a veces las historias tardan en encontrar no solo su momento, si no también su forma. Y esa redacción un tanto infantil del cuento va a ser precisamente la clave que me ayude a darle su firma definitiva. Y es que resulta ser el pie que me tiene que ayudar a Escribir un cuento infantil.

 

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