Vaya a Alcatraz, directamente sin pasar por la casilla salida

Un mimo en Union Square

Un mimo en Union Square

En San Francisco vi:  Cuestas empinadas holladas por CableCars, vendedores agresivos en Chinatown, libros en el cielo que derramaban palabras sobre las aceras en North Beach, leones marinos soñando en los muelles del Pier 39, recorrí en bicicleta el Golden Gate y repuse fuerzas del cansancio en una cafetería estilo años 50 en Union Square.y fui a la cárcel  directamente, sin pasar por la casilla de salida.

A la cárcel que el cine ha convertido en la más famosa de la historia: Alcatraz.  Si pude visitarla es porque desde hace exactamente 50 años, cuando Robert Kennedy la cerró por su inviabilidad económica, es un parque nacional de los Estados Unidos.

La isla de Alcatraz vista desde el ferry

La isla de Alcatraz vista desde el ferry

Si vas a San Francisco, sea con flores en el pelo o no, y quieres visitar la famosa prisión debes tener en cuenta un consejo importante: madruga. Este es un consejo bueno para prácticamente cualquier tipo de turismo en cualquier parte del mundo, pero más aquí, si quieres evitar las hordas de visitantes y poder fotografiar la herrumbre de las torretas, el óxido de los depósitos de agua o el patio de recreo sin preso alguno sembrándolo de montones de piedrecitas desde sus bolsillos.

IMG_8876

Una de las torretas de vigilancia de Alcatraz

Una de las torretas de vigilancia de Alcatraz

Otro buen consejo es que cojas con anterioridad los billetes del ferry para no tener que esperar las largas colas tipo parque de atracciones del mediterráneo, que se forman en la entrada al ferry en el Pier 33.

La empresa Alcatraz Cruises es la encargada de prestar el servicio de ferry. Este se inicia a las 9,10 horas de la mañana en la principal época vacacional. El último retorno desde la isla es a las 18:10 horas.

Cartel que se divisa ala llegada a la prisión

Cartel que se divisa ala llegada a la prisión

Una vez en “La Roca”, no hay que pagar entrada (va incluida en el precio del ferry) al igual que la audioguía. Aunque hay unos simpáticos abuelos de uniforme que te cuentan historias de cada rincón de la prisión, merece la pena hacerse con la espectacular audioguía.

Una abuelita voluntaria en la cárcel de Alcatraz

Una abuelita voluntaria en la cárcel de Alcatraz

Aíslate, déjate llevar por la narración en primera persona de una voz avejentada. La de uno cualquiera de los presos comunes de Alcatraz que, acompañándote de celda en celda, va a ir explicandote las normas de la prisión y las leyendas de sus compañeros de condena más celebres: Al Capone, Robert Stroud (El hombre pájaro), o los de la fuga, Fran Morris y los hermanos Anglin. Todo ello sin escatimar en los auriculares ruidos de jaleo en los motines, rejas que se cierran, sirenas e incluso explosiones, para meterte en la piel de un preso.

IMG_8927

Una de las celdas de Alcatraz

En las celdas, la cama es dura como las piedras y la manta no cobija del frío. Y esto lo sabes porque puedes entrar en ellas a comprobarlo.  Un inodoro sin silla y una mesa es todo lo que acompaña al preso. Las de castigo son escalofriantes. Ni luz, ni un sonido. Llama la atención los aún conservados cuadros y libros que decoran las celdas de los que decidieron que era mejor vivir ahí que intentar escaparse.

Detalle de la celda

Detalle de la celda

Uno no puede sino juguetear por las galerías imitando a  Burt Lancanster, Clint Eastwood o Sean Connery. Porque si hay un sitio donde te sientes como en una película ese es en Alcatraz. Y seamos sinceros ¿Hay un género más cinematográfico que el carcelario?

Las rejas del pasillo de Alcatraz

Las rejas del pasillo de Alcatraz

El interior de la prisión conserva todos sus detalles, la ropa de los presos, el comedor, la cocina con los útiles de cocinar pintados en la pared de donde se cuelgan para que el cocinero sepa que no “ha perdido” ningún cuchillo.

IMG_8879

La recepción de los presos

De vuelta en el ferry, mirando hacia lo infinito del Pacífico detrás del Golden Gate, no queda más remedio que preguntarse si de verdad alguien consiguió escapar de la cárcel más segura que  ha construido el hombre. Y no sé si por el hecho de que la libertad sea lo que más tememos perder, pese a lo horrible de los crímenes de quienes allí estaban encerrados, uno desea que sí, que pudieran escapar.

El Golden Gate visto desde Alcatraz

El Golden Gate visto desde Alcatraz

Con los pies de nuevo en tierra firme, es obligado, si no se ha hecho ya, dirigirse hacia el resto de muelles emblemáticos. La visita a Alcatraz es larga, cansa. Reponer fuerzas comprando un apetitoso Clam Chowder o un sandwich de cangrejo en los puestos de comida de Fisherman Warf  para comerlo sentado en el mismo embarcadero espantando a las gaviotas que pugnan por tus migas es la mejor de las opciones.

Puestos de comida en el Fisherman Warf

Puestos de comida en el Fisherman Warf

Un poco más allá, en el mítico Pier 39, intentas descansar de la dura jormada, reflexionando aún sobre la libertad y por qué no, envidiando a ratos a alguno de los leones marinos que se suben a los muelles.


León marino en el Pier 39

León marino en el Pier 39

Más información de la excursión a la Prisión de Alcatraz

Anuncios