Ryan Gosling: el hueso bajo el músculo

En una escena de la comedia “Crazy, Stupid, Love”, Emma Stone pide a Ryan Gosling que se quite la camisa. Y cuando él lo hace, ella exclama algo así como “¡joder, ni con photoshop!”. Sin duda es un buen resumen de las cualidades anatómicas del actor, pero lo cierto es que, bajo unos abdominales de apariencia photoshopeada, hay un actor sólido como el hueso. Pero lo que es más asombroso: ¿cómo narices se ha hecho famoso, cuando en los últimos 10 años casi ninguna de sus películas ha sido un verdadero éxito? ¿Cómo ha llegado a la fama, si sus elecciones profesionales hacen pensar que está empeñado en evitarla? Y lo más increíble de todo: ¿cómo se ha puesto así de mazas, si dice, creámosle o no, que casi nunca va al gimnasio? Para que quede claro de qué estamos hablando, echemos un ojo a este vídeo.

Ahora que, de forma rastrera, ya he conseguido la atención de sus fans, vayamos al grano: Ryan Gosling nace en Canadá, con 8 años ya es un niño rubito y de ojos azules que canta y baila decentemente, y que ha conseguido batir a otros 17.000 niños en un casting para “El Club de Mickey Mouse”. Allí comparte escenario con Justin Timberlake, Britney Spears y Christina Aguilera, y durante dos años vive en Disneyworld, Florida, donde se graba el programa. Podríamos pensar que empezar así es propio de alguien que, definitivamente, quiere ser famoso.

Con 15 años el niño deja el programa y, aprovechando sus tablas y su aspecto de niño-comedor-de-cereales-en-anuncio-de-televisión, encadena trabajos en teleseries y telefilms, hasta que, con 18 años recién cumplidos, se marcha a Nueva Zelanda para protagonizar allí su propia serie de televisión: “El joven Hércules”. Entre tanto, intenta formar parte de los “Backstreet Boys”, sin conseguirlo. Tampoco entonces parece que su sueño sea trabajar con Kieslowski.

Pero algo sucece a su vuelta a Estados Unidos porque, con 21 años, tras un brevísimo papel en “Titanes: hicieron historia”, Ryan Gosling se empeña en tomar el camino más dificil. A ello le ayuda Henry Bean, director de “El creyente”, que confía en el joven e inexperto Ryan (apenas ha hecho cine y no ha estudiado interpretación) para el dificilísimo papel de un judío neonazi. Según Henry Bean, la severa educación mormona que había recibido Ryan en su infancia, mientras trabajaba en el mundo del espectáculo, hacían de él el chico ideal para comprender las contradicciones de un judío que odia a los judíos. Sea como fuera, Ryan se luce, y los críticos reciben alborozados la llegada de un nuevo actor… que ya llevaba 8 años trabajando ante las cámaras.

A partir de entonces, sigue abordando su lado más raruno en películas de espíritu más o menos indie, con sólo dos excepciones.

La primera es “El diario de Noa”, con la que obtiene el primer premio importante de su carrera: el premio MTV al mejor beso del año. A lo mejor por eso no vuelve a rodar películas parecidas.

La segunda excepción es “Fracture”, que acepta para poder trabajar con Anthony Hopkins. El film pincha en taquilla, la crítica lo fractura en pedazos (perdón por el chiste fácil) y, quizá lamiéndose las heridas, Ryan se pasa 3 años, 3, sin rodar ni una sola película.

¿Qué pasa después? Que, con más empeño aún que antes, Ryan Gosling se empecina en tener una carrera peculiar, gritando a los cuatro vientos que quedó marcado al ver en su adolescencia “Tercipelo azul”. Y así, no logra (aún) trabajar con David Lynch, pero coproduce con Michelle Williams “Blue Valentine”, colabora con el siempre comprometido George Clooney en “Los idus de marzo”… y saca adelante, con su propio esfuerzo y dinero, “Drive”. En este film, en esta producción, Gosling es verdaderamente quien conduce el proyecto (sí, lo sé, lo de “Fracture” era incluso menos malo), es quien escoge al director danés Nicolas Winding Refn, y es quien marca el tono de la película. Dice Ryan que su primera reunión con el director danés, en una cena en Los Ángeles, fue un desastre. Pero que después de la cena, cuando el actor se ofreció a llevar en coche al director a su hotel, ambos se pusieron a cantar espontáneamente, a grito pelao, una canción de los años 80 que sonaba en la radio. Con eso, un Chevy Impala y neones rosa, Nicolas y Ryan ya tenían su película.

El mes que viene, Ryan Gosling estrena dos películas: “The place beyond the pines”, la nueva del director de “Blue Valentine”, y “Only God Forgives”, la nueva del director de “Drive”. Y además, ha rechazado incontables ofertas para ponerse mallas y hacer de superhéroe, asegura no tener más posesiones que su coche, su moto y un piso andrajoso en Los Ángeles, colecciona esqueletos y figuritas de Halloween, ha producido un documental sobre “Occupy Wall Street” y regenta un restaurante de comida marroquí que decoró él mismo. Y en sus ratos libres, toca el oukelele, canta con su banda y sale de paseo con su perro George. Y por cierto: su novia es Eva Mendes.

Conclusión: Ryan Gosling es tan enrollado que casi debería caernos mal. Pero ni por esas, porque encima asegura que casi nunca va al gimnasio. ¿De dónde saca entonces sus abdominales? Me da igual: tiene demasiado hueso bajo el músculo como para que me importe. Tiene talento hasta el tuétano, el cabrón.

 

 

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