Consumo propio

“Disculpe agente, le juro que esto es solo para consumo propio” – hoy me he encontrado en una esquina con unos agentes de policía deteniendo a Renton, quizás os acordeis de él, protagonizaba Trainspoting, era aquel chico que mientras corría al ritmo de la Velvet Underground, soltaba aquel genial monologo en off, el de elige la vida, elige un empleo….

Renton había intentado por todos sus medios no acabar así y llegó un momento en el que eligió la vida, y eligió un empleo. Y con ese empleo tenía una renta, que utilizaba para pagar un alquiler y con lo que le sobraba, lo necesario para sobrevivir y divertirse de vez en cuando (eso sí, sin drogas).

Renton tuvo algunos antepasados, los hombres de las cavernas, que eran totalmente autosuficientes. Se hacían su propia casa en la cueva más isoterma que encontraban, salían a cazar y a recolectar su comida, se construían sus herramientas y se proveían de agua y de fuego. Todo muy DIY o DIWO. Sin embargo Renton no es muy manitas, así que gasta casi todo lo que le sobra del alquiler en servicios varios.

Ël no es el único al que le ocurre esto, la autosuficiencia de sus ancestros primigenios se ha ido perdiendo poco a poco, a medida que evolucionábamos y surgía el comercio, pero hasta hace bien poco , la cosa no era del todo diferente. Los abuelos de Renton aún se construyeron su propia casa, pero sin llegar a ese extremo ¿Quién no tiene un abuelo que se arreglaba él mismo el coche o una abuela que cocinaba continuamente, hacían conservas y mermeladas, cuidaban de su propia huerta, etc..?

Renton, al igual que toda su generación, ya no hace nada productivo en su tiempo de ocio. Todo empezó con una madre diciéndole a un padre ¿Por qué no dejas de enredar en el grifo de la ducha y llamas a un fontanero? Y acabamos por dejar incluso de hacernos nuestra propia comida y comprarla preparada, comer fuera de casa o encargarla al telealgo. Hasta el punto de que en Nueva York empezaban a vender casas sin cocina (casas que ya hacía tiempo que no tenían lavadora).

Poco a poco ha ido ganando fuerza la idea de que, al menos cuando estamos en casa, producir es un trabajo que debemos dejar a otros, y de que la única forma legítima de ocio es el consumo. Desde un punto de vista estrictamente racional emplear el tiempo en cocinar, o en reparar un enchufe, o en coserse un dobladillo no resulta demasiado inteligente: es más eficiente que lo dediques a lo tuyo y dejes a otros humanos especializados esa tarea, tal como dicta el principio básico capitalista de la división del trabajo. Zapatero, a tus zapatos, que la cena ya te la preparan en un kebab o en findus.

Renton no lo sabe, pero si en realidad gasta tanto dinero en un montón de servicios que podría realizar él mismo es debido a un concepto económico que se apenas se explica pero que, sin duda, tenemos en mente al tomar cada una de nuestras decisiones económicas: el coste de oportunidad (básicamente, en cúanto valoramos nuestro tiempo).

El sistema que tenemos no solo nos dice ¡¡Elige la vida!!¡¡Elige un trabajo!!, además nos dice ¡¡No hagas nada!!¡¡No trabajes en tu tiempo libre!!¡¡No seas autosuficiente!!¡¡No cocines, compra comida hecha!!¡¡No aprendas a arreglar tu coche, ya lo hacen otros por ti más rápido!!¡¡No arregles los electrodomésticos de casa, ni la tele, llama a un técnico, o mejor, tírala y compra una nueva!! Dedícate a disfrutar de tu tiempo libre y en él consume todos estos servicios, no te preocupes, trabaja en lo tuyo, obtén una renta por ese trabajo y gástala en lo demás.

Y así hemos funcionado.

Hasta que llegó el paro y se acabaron esas rentas. De hecho, a Renton le despidieron y ahora tiene un minijob. Es decir, un trabajo a media jornada en un empleo no especializado con un salario mucho más bajo.

Y Renton ahora piensa, bueno, pues si no hay renta puedo intentar ahorrar siendo autosuficiente. Y se compra un libro de recetas, y un montón de enseres de cocina y tira los trípticos del chino, del kebab y de la pizzería a la basura y decide que va a empezar a cocinar y hasta piensa, que cocinar es revolucionario, y se alegra de vivir en una casa con cocina.

Pero a los 40, sin estudios superiores y con un demasiado excesos de juventud, uno no está como para ponerse a aprender mecánica y electrónica. Coches y electrodomésticos están diseñados de tal forma que ni los propios técnicos son capaces de arreglarlos. No, ni tan siquiera ese último bastión de la autosuficiencia que era el informático que arreglaba como favor los ordenadores de sus amigos.

Renton piensa que quizás puede intentar compartir gastos, o conocimientos, él es bastante hábil con la electrónica. Pero descubre que el sistema no está dispuesto a dejar que sea autosuficiente, o por lo menos, no se lo la va a poner fácil. No es fácil, por no decir imposible, salir a cazar o crear tu propia huerta, ni construirte tu propia casa, ni siquiera reformar tú mismo la que ya tengas. Si quieres reparar tú mismo tu coche, o arreglarle el ordenador a tu vecina la que estudió peluquería, a cambio de que ella te corte el pelo, o se lo corte al otro vecino mecánico que a su vez le puede echar un vistazo a ese ruido tan raro que hace el motor de tu coche, cuidado, eso no es autosuficencia, se trata de economía sumergida, y a Renton le recuerdan en las noticias que esas son prácticas fraudulentas por las que se deberían pagar impuestos.

Renton se informa y ve que surgen decenas de iniciativas, para compartir coche, o repararlo. También se puede compartir ropa o si eres más ambicioso, incluso compartir un huerto, crearte tu propia red de internet fuera de las operadoras, o conseguir del sol tu propia energía.

Esta última idea le gustaba mucho a Renton por una antigua obsesión de sus padres con regalarle aparatos electrónicos solares cuando era niño, un reloj digital solar de pulsera en la comunión, una calculadora solar en el instituto y un despertador solar con su primer trabajo. Las placas fotovoltáicas siempre le llamaron la atención. Sin embargo Renton descubrió que estas prácticas de autoabastecimiento, o como le gusta decir a él, buscarse la vida, aunque parecieran lógicas, se encontraban en vacíos legales que a veces las excluían del sistema y por tanto de la legalidad. Tienes que seguir consumiendo, Renton, cueste lo que cueste.

Pero Renton no tiene renta, ¿Y entonces cómo va a consumir?, sin renta, no tengo dinero, pero si tengo tiempo, y si el sistema no me proporciona un trabajo debería proporcionarme una renta, (Renton ya empieza a pensar como un peligroso comunista liberal antisistiema, sin duda los excesos de juventud dejaron un poso punk en su forma de pensar),

O al menos dejar que use mi tiempo en algo productivo, por ejemplo, en abastecerme de energía eléctrica. Y es que si no se permite que las persoanas sean productivas en su tiempo de ocio, entraran en una actitud de supervivencia que también afectará a sus decisiones sobre consumo, tirándolo por los suelos.

Fue entonces, unos días después de que Renton montara en el tejado de su casa su propia placa fotovoltaica con una instalación totalmente DIY, cuando a la salida de su casa le esperaban un par de inspectores dispuestos a hacer valer la nueva regulación del autoabastecimiento energético.

Muy nervioso al enfrentarse a los agentes, Renton les gritó “¿La placa solar?….Disculpe agente, le juro que esto es solo para consumo propio”.

Y empezó a correr.

P.D.: Quizás lo próximo que Renton se plantee sea vivir sin dinero, pero esa será otra historia.

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