Asier ETA Biok

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Salimos del estreno en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián de Asier ETA Biok. Esta mañana, todos los periódicos hablaban de esta cinta, creando un debate que cabía esperar. Asier ETA Biok no aporta nada nuevo. No se confundan. No es polémica.  Aunque haya quien trate de hacerla polémica. Muestra la misma realidad que mostró Jordi Evole en sus Salvados dedicados a ETA. Es decir, que en un territorio tan pequeño como Euskadi la gente tiene que convivir unos con otros, y se cruzan en las calles habitualmente. Y van a encontrar la forma de hacerlo, puede ser hablando, haciendo documentales y cine, escribiendo libros, o puede ser con olvido y silencio a modo de transición. Pero lo van a hacer. Y

Que las personas convivan, sean del bando que sean, es inevitable – a no ser que se separen los territorios y cada bando acabe en uno diferente – cosa que no dejaría de tener su punto irónico, así que las polémicas en torno a esta cuestión tienen que ser interesadas.

Veremos grandes debates proclamando que si un documental de este tipo humaniza a un terrorista, aún no nos hemos dado cuenta de que los terroristas, como los psicópatas, los asesinos en serie, los pederastas o los directivos del FMI, son humanos, todos. Y querer sacarlos de la raza humana para sentirnos menos responsables no funciona.

¿A alguien le causa polémica ver un documental sobre un asesino?¿Humaniza “Zodiac” al asesino del zodiaco?¿Y “El Hundimiento” a Hitler?¿”Inside Job” a los economistas?.

El protagonista de Asier ETA Biok no es Asier Aranguren, el etarra que da nombre al documental, sino la otra parte del título: Biok, Yo, Aitor Merino. El chico al que vimos colgado de un puente sobre la M30 en Historias del Kronen, que si que se humaniza en el documental, en el que con valentía, se muestra a sí mismo temeroso e infantil.  Y va narrando poco a poco, cómo ha ido viendo a su amigo Asier, desde la infancia hasta la actualidad, y cómo ha ido cambiando, o madurando su opinión sobre sus actividades reivindicativas.

Yo no sé si Aitor Merino lo ha hecho queriendo o le ha salido así, pero el periodo de vida que recorre con Asier Aranguren coincide con la transición, y coincide con casi todas las variaciones estratégicas en el terrorismo de ETA y en el mundo abertzale. Y la visión de Aitor Merino de su amigo, coincide con la de la sociedad vasca sobre ETA. Una ETA con altos índices de popularidad en los 70 que va perdiendo hasta tocar fondo con el asesinato de Miguel Angel Blanco.

Tras una escena en la que cenan con la familia de Asier y su madre toma la palabra y se lleva consigo todo el documental (todas las madres deberían tener más protagonismo), cuando le dice a su hijo etarra: “Yo no veo mi país libre con una gota de sangre”.

Después, Aitor Merino hace esa reflexión que es por la que este documental se puede ver:

“Estaba claro que Asier no era una persona que yo pudiera moldear al agrado de mis amigos, sino una persona con las ideas claras que no coincidían con lo que yo esperaba. […] El Asier que quería mostrar a mis amigos era una versión romántica e ingenua que yo había creado en mi imaginación para no tener que rendir cuentas ante ellos y ante mí mismo”.

Mi opinión es que este documental debe ser visto para dar una opinión sobre él, y que más allá de eso, va a ayudar a muchos vascos a sobrellevar el peso que a veces supone tener que convivir, por que a veces cuesta, debido principalmente a que todos somos humanos.

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