Antes de morir quiero

En su barrio de Nueva Orleáns, la artista Candy Chang hizo de una casa abandonada una pizarra gigante pidiendo completar la frase: “Antes de morir quiero…”. Las respuestas de sus vecinos, sorprendentes, agudas, divertidas, se convirtieron en un espejo inesperado para la comunidad. Esta es la forma en la que se presenta el TED Talk, en el que Candy explicó su experiencia en Nueva Orleans en seis minutos:

Candy Chang estudió arquitectura, diseño gráfico y un Master planificación urbana en la universidad de Columbia. Su trabajo ha sido exhibido en el Smithsonian de Nueva York; ha creado comisiones de arte público para aeropuertos internacionales, instituciones cívicas y organizaciones creativas.

Durante su proyecto, titulado “Before I Die” (Antes de morir), Candy Chang transformó una casa abandonada en una enorme pizarra para que los residentes de su vecindario de Nueva Orleans compartieran sus sueños y esperanzas y de esta manera pudieran recordar lo que verdaderamente importa, tanto para ellos, como para sus vecinos. Este proyecto fue considerado por el medio The Atlantic como “uno de los proyectos comunitarios más creativos jamás creados”.

 

 

 

 

 

 

Como tantas otros fenómenos, la idea de Candy Chang se convirtió en viral, surgió la web BeforeIdie, crearon un kit para hacer paneles y compartir las imágenes de los mismos y la idea se trasladó a ciudades por todo el mundo, Chicago, Londres, Brooklyn, Ámsterdam, Lisboa, o San Diego tienen ya su muro de Before I Die y en otros sitios el muro ha sido efímero, solo por unos días, o ha sido una estructura portatil.

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Este proyecto plantea varias cosas interesantes: La reflexíon ante la muerte, que es algo que aun nos cuesta, al menos en nuestra cultura. La rehabilitación de espacios urbanísticos abandonados, espacios que por desgracia cada día son más numerosos, la participación social analógica, ya acostumbrados a escribir en muros virtuales, no está de más recordar el viejo acto de escribir en una pared.

El 29 de Enero, instalaremos uno de estos muros en nuestra ciudad, en Donostia, cruzaremos los dedos, afilaremos las tizas y miraremos cara a cara a la vida, viviendo al límite.

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