Un email de amor

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De: Él <el@gmail.com>
Fecha: 14 de Febrero de 2014, 8:14
Asunto: Buenos días mi vida
Para: Ella <ella@hotmail.com>

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Buenos días, mi vida:

Recuerda que hoy tienes que pasar tú por el colegio y que después el niño tiene clase de música. Le dije a la profesora que hoy le llevaríamos el dinero de las clases. Pero no te escribo para eso, te escribo para hacerte rabiar un poco, y ese rabiar tiene que ver con una de las cosas sobre las que más nos hemos desencontrado en nuestra vida juntos: con mi forma de verte. Sí, me refiero a todas esas veces que me dices , “porque tú me miras con buenos ojos” o “qué vas a decirme tú”, o te burlas de mí llamando a mis piropos “argentinadas”, y que en realidad has engordado algo o que te ha salido una nueva arruga o que se te notan demasiado las ojeras.

Hace poco vi una foto de un autorretrato de Jeanne Hebuterne, en el retrato aparecía con un pelo rojizo, un rostro pálido mirando hacia abajo pero espiando con el rabillo del ojo al que lo observa, con un fondo que parece una colorida pared de varios azules con unas flores sobre ella pintadas. El cuadro me llamó la atención, pensé que podría gustarte y busqué a la pintora en la wikipedia y descubrí que había sido la amante de Modigliani. Y mira, como te he dicho otras veces, me gusta Modigliani porque es un pintor reconocible y que dibujaba mujeres desnudas y de cuellos eternos. Pensé, ¿Habrá retratado Modigliani alguna vez a su amante? Y efectivamente, descubrí que todas las mujeres de los cuadros de Modigliani habían sido sus amantes, y entre ellas figuraba la mayor de ellas: Jeanne Hebuterne. Se puede decir que ella fue su pareja hasta que el pintor murió a los 35 victima de la tuberculosis, el alcoholismo, las drogas y el exceso de bohemia. Incluso se puede decir que fue su pareja hasta el día después de su muerte, cuando el cuerpo de Jeanne, de 21 años y 8 meses de embarazo, se estrelló contra la acera desde el quinto piso del que se arrojó.

Dicen que la suya fue una gran historia de amor, y pese a que no comparto esa idea puesto que como yo suelo decir, una gran historia de amor no es aquella que acaba irremediablemente en tragedia, es una historia llena de sentimientos muy intensos. La relación de Jeanne y Amedeo estuvo marcada por la pobreza extrema, por los celos y las infidelidades del pintor (incluso durante el embarazo de Jeanne, embarazo que tuvo como fruto una niña entregada a una institución, a la que su padre se olvidó de registrar porque se entretuvo en el bar).

La muerte fue a buscarles a un apartamento-estudio en el que desde una semana antes apenas había nada para comer, excepto sardinas y alcohol. Un poco antes que la muerte llegó al apartamento el pintor chileno Ortiz de Zárate para ver cómo se encontraban y los vio abrazados en una cama apestando a vino y sardinas. Llamó a una ambulancia y cuando los enfermeros los sacaban de casa, Amedeo le dijo a Zárate: “He dado el beso de despedida a mi mujer. Tenemos asegurada la felicidad eterna.” Al parecer Modigliani estaba decidido a querer mejor a Jeanne Hebuterne después de la muerte.

Pese a la eternidad, localizar a Jeanne en Google Images  buscando retratos de Modigliani me costó, puesto que no veía ninguna que se pareciera al autorretrato, pero con busquedas sobre su vida, descubrí toda su historia y por supuesto, algunos de los retratos de Modigliani.  ¡¡La encontré!!

Y ahora es cuando viene una teoría de las mías, de esas que tenemos los hombres, porque como suelo decir, si algo diferencia a los hombres de las mujeres, es que los hombres tenemos teorías (y en este caso hasta las escribimos), pero antes, te copio las fotos de ambos cuadros:

jeanne-hebuterne-1919 copia

Fíjate, mi vida, la de la izquierda es la Jeanne Hebuterne de Modigliani, y la derecha, la Jeanne vista por ella misma. Yo no sé cuál de los dos cuadros es mejor artística ni técnicamente, pero al observarlos sí veo un par de cosas, de esas que me gusta ver en el arte.  La primera es que Modigliani la dibuja muy guapa, pero no desnuda ni en pose sensual como al resto de sus amantes. De hecho Jeanne fue la única de sus amantes a las que Modigliani no retrató desnuda, los hombres, incluso los más libertinos, tenemos estas cosas, mi vida. Su retrato es más amable, más cariñoso, quizás hay más amor que sexo en él.  La segunda de las cosas que me llama la atención, es que la dibuja más guapa de lo que se dibuja ella misma y con más realismo, y sobre todo, mirando directamente al que observa, ahora nosotros, en ese momento al autor. Modigliani dibuja la Jeanne que le mira de frente, y dibuja cómo le mira, y al mirarle a él está más bella que al mirarse a sí misma. (Ya sé que probablemente estarás pensando que el autorretrato de ella te parece más naif y provocador, pero esto, mi vida, no es una discusión sobre arte).

Y entiendo a Modigliani, porque a mí mismo me pasa, que cuando te miro te veo bella, pero cuando tú me miras, te veo bellísima, y que probablemente, como la Jeanne de los retratos, cuando te miro y me miras, seas más real que cuando te miras a ti misma. Así que confía en mí cuando te digo cómo te veo, piensa que yo puedo estar equivocado o enamorado, pero que el arte, exponente máximo de captura y análisis de la belleza, es unánime con Modigliani, y él está en mi línea de percepción, pese a que mis cumplidos apenas sean trazos borrosos de un pincel como el suyo. Pero el pulso mejora con la práctica, y confío en que los piropos crezcan tanto como para dibujar una descripción de tu mirada tan real que pueda ser subastada en Christie’s o Sotheby’s dentro de 50 años.

¿Me dejarás que lo intente?

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