Estar en la onda

“Es fácil ser glamurosa. Lo único que tienes

que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida” Hedy Lamarr

 

¿Cuándo empezamos a buscar Wifis libres por la ciudad?¿Cuándo dejamos de necesitar colocar un teléfono móvil pegado a otro para pasarnos una foto por bluetooth o por infrarrojos?

¡¡Infrarrojos y Bluetooth!! Esos sí que son nombre molones para ondas de transmisión de entre dos dispositivos, no como las ondas de radio, que son de otro siglo. Menos mal que para transmitir datos alguien tuvo la idea de cambiarles el nombre por Wi Fi (wireless fidelity), que es un nombre mucho más chulo.

Y es que las ondas que han revolucionado las comunicaciones no dejan de ser ondas de radio por las que se transmiten datos con dos peculiaridades que las distinguen de las emisoras de radio: que su frecuencia es tal que pueden traspasar los objetos sólidos sin apenas atenuación y que transmiten en frecuencias cambiantes para evitar las interferencias entre ellas. Dos aspectos sin los cuales, conectarnos a internet a través de ellas sería un desastre.

Esto de las frecuencias cambiantes es algo que puede sonar a chino pero es la clave en el funcionamiento del WIFI. (Imaginemos si no a los datos llegando a nuestro portátil igual que llegaban a nuestro transistor dos cadenas de radio entremezcladas) Se realiza mediante un sistema que se llama espectro extendido, en el que la señal se modula mediante técnicas como el salto de frecuencia, (FHSS) que consiste en transmitir una parte de la información en una determinada frecuencia durante un intervalo de tiempo. Pasado este tiempo se cambia la frecuencia de emisión y se sigue transmitiendo a otra frecuencia. De esta manera cada tramo de información se va transmitiendo en una frecuencia distinta durante un intervalo muy corto de tiempo.

El orden en los saltos en frecuencia se determina según una secuencia pseudoaleatoria almacenada en unas tablas, y que tanto el emisor y el receptor deben conocer. Si se mantiene la sincronización en los saltos de frecuencias se consigue que, aunque en el tiempo se cambie de canal físico, a nivel lógico se mantiene un solo canal por el que se realiza la comunicación.

¿Cómo avanza la tecnología, verdad?

Pues no: esta técnica es un invento patentado en la época de la Segunda Guerra Mundial, aunque entonces – que se sepa – no se había utilizado. Durante la guerra los esfuerzos en la investigación y desarrollo se centraban en facilitar contramedidas de radares y balizas de navegación. Tanto el frente Aliado como las potencias del Eje experimentaron con sistemas simples de espectro extendido.

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La primera patente pública disponible de un sistema basado en espectro ensanchado data de 1942, por una mujer ingeniera de telecomunicaciones, Hedwig Eva Maria Kiesler y un pianista,  George Antheil.

¿Qué pinta un pianista en esta patente? Se trataba de un sistema de detección de torpedos teledirigidos para el que se inspiraron en un principio musical, el invento funcionaba con 88 frecuencias, equivalentes a las teclas del piano, y era capaz de hacer saltar señales de transmisión entre las frecuencias del espectro magnético. George Antheil había trabajado sincronizando pianolas y diversos instrumentos, y era el responsable de una especie de obra dadaista llamada Ballet Mechanic que había causado altercados en sus estreno en París.

Ambos ofrecieron su patente al gobierno de E.E.U.U. de forma gratuita pero este rehuyó utilizarla por miedo a que fuera utilizada por el enemigo pero sí le pidió a la mujer ayuda en otro aspecto: quería utilizar su imagen en carteles propagandísticos y para ayudar a la venta de bonos de guerra.

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Eva Maria Kiesler, era el nombre de soltera de la ingeniera responsable del salto de frecuencia en el espectro extendido, en realidad más conocida con otros títulos como el de “la mujer más bella del mundo”. Aquel que comprara 25.000 dólares conseguiría un beso suyo: logró vender siete millones de dólares en bonos de guerra en una única noche. Y es que si resulta sorprendente que detrás de la tecnología que hace funcionar las ondas WIFI se encuentre un pianista dadaista, más sorprendente aún es que su compañera de investigación y desarrollo, de soltera Eva María Kesler, fuera más conocida como Hedy Lamarr, a la sazón, sex symbol de Hollywood y protagonista de “Sansón y Dalila”.

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Lamarr, había llegado a E.E.U.U. desde su Europa natal tras huir (seduciendo a su asistenta), de un matrimonio con un magnate de la siderurgia (convertido en fabricante de municiones durante la guerra) Fritz Mand, que la mantenía medio secuestrada por los celos, obsesionado por la belleza de su mujer que había protagonizado en la película checa “Extasis”, el primer desnudo del cine en una película comercial y el primer orgasmo femenino, en una escena para la historia del cine.

Controversial scene from Hedy Lamarr’s Debut Film, Ecstasy, 1933 from Robert Paul on Vimeo.

Sin embargo, Hedy Lamarr, que estudió ingeniería antes de dedicarse al cine, había aprovechado las reuniones sociales de su marido, plagadas de altos mandos del ejercito del Eje (incluidos Hitler y Mussolini) , para, pareciendo glamurosa y estúpida, absorber todo el conocimiento posible sobre los problemas en la transmisión de comunicaciones. Con la idea de destruir los temibles submarinos alemanes ideó un sistema de guiado de misiles por medio de radiofrecuencias. La idea ya existía y nunca funcionaba porque se podía interferir en la frecuencia e inutilizar el dispositivo. Pero a Lamarr se le ocurrió que la frecuencia se podía cambiar constantemente (como se hace al tocar un piano, que fue lo que la inspiró) y de esa forma se podía controlar un torpedo por radio sin que pudiera ser interferido. Es decir, cambiando constantemente la frecuencia del transmisor, a la misma vez que se cambia en el receptor, resultaría imposible interferir en el control del torpedo. A la actriz austriaca se le ocurrió el sistema que actualmente se conoce con el nombre de salto de frecuencia.

Aunque el día de su nacimiento, el 9 de noviembre, se celebre el Día del Inventor en su honor pocos recuerdan a Hedy Lamarr por su aportación a la tecnología actual, algunos la recuerdan más por cortarle el pelo a Sansón el la gran pantalla, ya que fue su única película con fama tras rechazar papeles como el de Casablanca o Luz de Gas, Tuvo mala suerte. No ganó ni un dolar con su descubrimiento ya que el salto de frecuencia comenzó a usarse cuando la patente quedo libre de derechos. Conoció innumerables cuerpos masculinos, y tuvo a sus pies a los millonarios del mundo, la cirugía estética se llevó su belleza y padeció de cleptomanía, y entre otras cosas siempre robaba el protagonismo al hombre que la acompañaba, siempre más inteligente que él.

P.D.: En 1998 la Electronic Frontier Foundation concedió a Hedy Lamarr y George Antheil el Premio Pionero reconociendo su contribución fundamental en el desarrollo de las comunicaciones basadas en ordenadores. George Antheil murió sin conocer su aportación a la tecnología y Hedy Lamarr rehusó a ir a recoger aquel premio. Murió dos años después en Florida.

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